Entrevista de Chelsea Handler a Salma Hayek en la cadena Fox.
Chelsea Handler . Entonces, Salma, ¿es verdad que los mexicanos cruzan la frontera solo para robarnos los trabajos que nadie más quiere hacer?
Salma Hayek. Chelsea, ¿acabas de preguntarme eso en serio, en un estudio de Netflix, las luces están calibradas para la intimidad controlada. La audiencia en vivo respira colectivamente.
Algunos ríen incómodos, otros simplemente esperan. Chelsea está reclinada en su silla con esa sonrisa que siempre usa cuando cree que está siendo provocadora. Salma no se mueve, pero algo en sus ojos cambió.
Chelsea. Oh, vamos, es solo una pregunta. Estamos en 2025, podemos hablar de todo, ¿No?
Salma. Claro que podemos hablar de todo, Chelsea, pero hay una diferencia entre hablar y repetir basura que ya deberías haber superado. Wow.
Chelsaea. Ok, no sabía que tocaría un nervio tan rápido.
Salma. No tocaste un nervio, tocaste un cliché. Y los clichés son aburridos.
Chelsae. Pero es que mira, yo solo digo lo que mucha gente piensa. ¿No es ese mi trabajo? Hacerles preguntas incómodas.
Salma. Tu trabajo es hacer preguntas inteligentes. Esa no lo fue.
Chelsea. Bueno, ilumíname entonces. ¿Qué debería haber preguntado?
Salma. ¿podrías haber preguntado por qué un país que se construyó sobre la explotación de trabajadores migrantes, ahora finge sorpresa cuando esos trabajadores exigen digidad?
Chelsea. Ok. Tú vives aquí, Salma, en Los Ángeles, en una mansión. No estás exactamente recogiendo lechugas en el valle de San Joaquín.
Salma. Tienes razón. No lo estoy, pero mi abuela sí trabajó en campos. Mi tío cruzó esa frontera tres veces antes de encontrar algo que se pareciera a una oportunidad. Así que cuando haces esa pregunta con esa sonrisa, no está siendo valiente Chelsea, está siendo perezosa.
La audiencia está en silencio ahora. El tipo de silencio que precede algo.
Chelsea. Porque yo pensé que estaba siendo, no sé, real.
Salma. ¿Real?. Chelsea, lo real sería admitir que tu industria, esta industria Hollywood fue construida por inmigrantes italianos, irlandeses, judíos, mexicanos, todos. ¿O crees que las mansiones de Beverly Hills se construyeron solas?
Chelsea. Nadie está negando eso.
Salma. Entonces, ¿por qué lo reduces a robar trabajos? ¿Sabes cuántos estadounidenses quieren trabajar limpiando baños de hotel a las 5 de la mañana? ¿Cuántos quieren cortar césped bajo el sol de Arizona en agosto? Dime, Chelsea, ¿tú lo harías?
Chelsea. Bueno, yo obviamente no, pero eso no es el punto.
Salma. Ese es exactamente el punto. Ustedes no quieren esos trabajos, pero tampoco quieren que los mexicanos los tengan. Entonces, ¿qué quieren? ¿Que desaparezcamos?
Chelsea. Nadie dijo eso.
Salma. No hace falta decirlo. Se siente en cada broma, en cada comentario casual, en cada pregunta como la que acabas de hacer.
Chelsea. Mira, yo respeto a los mexicanos. Amo la comida mexicana. Amo Frida Calo. Amo…
Salma, la interrumpe con calma.
Salma. Por favor, no hagas eso.
Chelsea. ¿Hacer qué?
Salma. La lista que tengo de amigos mexicanos es humillante para ti, no para mí.
Chelsea, intenta recuperar control.
Chelsea. Ok, claramente empezamos con el pie izquierdo. Tal vez reformulo, ¿crees que la inmigración ilegal es un problema?
Salma. ¿Crees que llamarla ilegal hace que sea más fácil ignorar que son seres humanos?, tus ancestros también llegaron sin papeles. La diferencia es que nadie los llamó ilegales, los llamaron pioneros.
Un murmullo recorre la audiencia. Chelsea toma un sorbo de su copa, sus dedos tensos alrededor del cristal.
Chelsea. Eso fue hace siglos.
Salma. Y el racismo también, pero aquí estamos.
Chelsea deja la copa. Sonrisa forzada.
Chelsae. Ok, entonces ahora soy racista. Perfecto, esto escalo rápido.
Salma. No dije que seas racista, Chelsea. Dije que estás repitiendo ideas racistas. Hay una diferencia.
Chelsea. ¿Cuál es la diferencia exactamente?
Salma. Una puedes cambiar si decides pensar un poco más antes de hablar.
Chelsea. ¿Sabes qué? Esto es exactamente lo que pasa ahora. Dices una cosa y te cancelan. No puedes ni siquiera hacer una pregunta sin que te acusen de SpaceX.
Salma, la interrumpe con voz calmada pero cortante.
Salma. Nadie te está cancelando. Te estoy respondiendo. Eso es lo que pasa en una conversación real, Chelsea. Alguien te responde y a veces la respuesta no es la que esperabas.
La audiencia aplaude espontáneamente, no es un aplauso enorme, pero es claro. Y Chelsea lo siente.
Chelsea. Wow, Ok. Entonces, dime qué debería pensar, qué debería decir, ilumíname porque claramente estoy perdida.
Salma. Podrías empezar por dejar de hablar de mexicanos como si fuéramos un problema que necesita solución. Somos personas con historias, con familias, con sueños. No somos una invasión, no somos una plaga. Somos parte de este país tanto como tú.
Chelsea. Pero tú eres ciudadana americana ahora, ¿no? Tú lo hiciste de la manera correcta.
Salma. La manera correcta Chelsea?, yo tuve dinero, tuve conexiones, tuve acceso a abogados que cobraban $500 la hora. ¿Crees que mi prima en Cuatzacalcos tiene eso? ¿Crees que el hombre que limpia tu oficina tiene eso? No me digas que lo hice de la manera correcta, como si fuera una prueba de carácter. Fue una prueba de privilegio y tú, más que nadie deberías entender la diferencia.
Chelsea. ¿Por qué yo más que nadie?
Salma. Porque tú también vienes de dinero, Chelsea. Creciste en una familia acomodada. fuiste a buenas escuelas, tuviste oportunidades y sin embargo te hiciste comediante hablando de lo difícil que era tu vida. Pero cuando un mexicano cruza un desierto con sus hijos para encontrar trabajo, ¿eso no es valentía, eso no es determinación? ¿Es eso diferente? ¿Por qué? Porque ellos son marrones y tú eres blanca.
La atención en el estudio es palpable. Ahora, algunos en la audiencia contienen la respiración.
Chelsea. No puedo creer que acabas de decir eso.
Salma. ¿Preferirías que no lo dijera? ¿Preferirías que sigamos fingiendo que la raza no tiene nada que ver con cómo se trata los inmigrantes en este país?
Chelsea. Yo, mira, mi show siempre ha sido sobre romper tabúes, sobre decir lo que otros no se atreven.
Salma. Hay una diferencia entre romper tabúes y reforzar prejuicios.
Chelsea. Entonces ahora soy prejuiciosa también.
Salma. Eres humana. Todos cargamos prejuicios. La pregunta es, ¿qué haces cuando alguien te lo señala? ¿Te defiendes o escuchas?
Chelsea. ¿Sabes que esto va a ser un desastre en redes sociales, verdad?
Salma sonríe por primera vez, pero es una sonrisa afilada.
Salma. Ay, Chelsea, ¿eso es lo que te preocupa? Twitter, no tu conciencia, no lo correcto, tu imagen.
Chelsea. No es solo mi imagen, es mi carrera.
Salma. Tu carrera va a estar bien, siempre lo está, pero la vida de esa mujer que limpia tu casa, la vida de ese hombre que cocina en tu restaurante favorito, esas vidas no tienen el lujo de estar bien después de una controversia. Ellos viven con miedo todos los días. Miedo de ser deportados, miedo de ser separados de sus hijos. Y tú haces bromas al respecto.
Chelsea. Yo no hago bromas sobre deportaciones.
Salma. Tal vez no directamente. Pero cuando reduces a todo un pueblo a un estereotipo, cuando los haces parecer menos, estás contribuyendo a un sistema que los trata como desechables. Chelsea.
Chelsea. Entonces, ¿qué quieres que haga? ¿Disculparme?
Salma. No quiero que te disculpes, Chelsea. Quiero que pienses.
Chelsea. Okay, estoy pensando. ¿Contenta?
Salma. No se trata de que yo esté contenta. Se trata de que tú entiendas.
Chelsea. Entonces, ayúdame a entender porque honestamente, Salma, siento que vine aquí a tener una conversación y terminé en un juicio.
Salma. Nadie te está juzgando. Te estoy rebatiendo. Hay una diferencia.
Chelsea. Pues se siente bastante parecido desde donde estoy sentada.
Salma. Bien, tal vez es hora de que sientas un poco de incomodidad. Los mexicanos la sienten cada vez que encienden las noticias. Cada vez que alguien como tú hace una broma inocente.
Chelsea. ¿Alguien como yo?
Salma. Alguien con una plataforma, alguien con millones de seguidores. Alguien que puede cambiar narrativas o destruir vidas con una frase descuidada.
Chelsea. Eso es mucha presión.
Salma. Es mucha responsabilidad, que no es lo mismo.
Chelsea toma otro sorbo. Sus ojos evitan los desalma por un momento. La audiencia está completamente silenciosa, absorbiendo cada palabra.
Chelsea. ¿Sabes qué es lo que me molesta de todo esto?
Salma. Dime.
Chelsea. Que yo crecí siendo fan tuya. Vi esperado como mil veces. Te admiraba y ahora estoy aquí. sentada sintiéndome como una idiota frente a ti.
Salma. No eres una idiota, Chelsea, pero dijiste algo, idiota. Y yo no voy a fingir que no lo hiciste solo porque tienes sentimientos al respecto.
Chelsea. ¿Por qué viniste a mi show si sabías que ibas a hacer esto?
Salma. ¿Hacer qué? Decir la verdad. Vine porque me invitaste y porque pensé que tal vez, solo tal vez, tendrías el coraje de escuchar algo diferente a los elogios de siempre.
Chelsea. Yo escucho críticas todo el tiempo.
Salma. No Chelsea, lees críticas en internet. Eso no es lo mismo que tener a alguien frente a ti mirándote a los ojos, diciéndote que lastimas a la gente sin siquiera darte cuenta.
Chelsea. ¿Crees que quiero lastimar a la gente?
Salma. No, creo que no piensas en ello en absoluto. Y ese es el problema.
Chelsea. Entonces dime, dime qué es lo que no entiendo, porque claramente hay algo importante que me estoy perdiendo.
Salma. ¿Ralmente lo quieres saber?
Chelsea. Sí, de verdad.
Salma. Ok, te voy a contar algo. Cuando tenía 16 años, mi padre me llevó a la frontera, no para cruzarla, sino para verla, para ver alas familias esperando, durmiendo en el suelo, con niños cargando mochilas más grandes que ellos. Y me dijo, “Mira bien, Salma, estas personas no están aquí porque quieren aventura. Están aquí porque en casa no hay comida, no hay trabajo, no hay futuro». Chelsea vi a una mujer cargando a dos niños, uno en cada brazo, y supe que esa mujer había caminado kilómetros, tal vez cientos para llegar ahí. ¿Y sabes qué me dijo mi padre?
Chelsea. ¿Qué?
Salma. Me dijo, “Si nosotros tuviéramos que elegir entre morir de hambre o cruzar esa línea, también lo haríamos». No lo dudes ni un segundo. Y tenía razón, porque el instinto de supervivencia no conoce fronteras Chelsea, no conoce leyes, solo conoce la necesidad. Y eso es poderoso. Y sin embargo, tú reduces todo eso a robar trabajos como si fuera un juego, como si no hubiera sangre, sudor y lágrimas detrás de cada persona que cruza.
Chelsea. Yo no lo pensé así.
Salma. Exacto, no lo pensaste. Y ese es mi punto. Cuando tienes un micrófono y una cámara, no pensar es un lujo que no puedes darte.
Chelsea. Dios, me siento terrible.
Salma. No quiero que te sientas terrible. Quiero que hagas algo con eso que sientes.
Chelsea. ¿Como qué?
Salma. Como usar tu plataforma para algo más que hacer chistes fáciles. Como aprender. Como invitar a más voces mexicanas, latinas, inmigrantes a tu show. Como preguntarte antes de hablar. Esto construye puentes o los quema.
Chelsea. Tienes razón, tienes toda la razón.
Salma. No necesito que me des la razón, Chelsea, necesito que actúes diferente.
La audiencia aplaude de nuevo, esta vez más fuerte, más sostenido. Chelsea parpadea rápido como conteniendo algo.
Chelsea. ¿Sabes qué es lo peor de todo esto?
Salma. Dime.
Chelsea. Que dentro de una hora voy a salir de aquí y un millón de personas van a tener opiniones sobre esto y la mitad me va a odiar por dejarme confrontar y la otra mitad me va a odiar por haber hecho la pregunta en primer lugar.
Salma. Bienvenida a mi vida cada maldito día.
Chelsea. Pero al menos tú siempre dices lo correcto. Yo claramente no.
Salma. Chelsea, yo no siempre digo lo correcto, pero sí pienso antes de hablar, especialmente cuando sé que mis palabras pueden herir.
Chelsea. ¿Y nunca te equivocas?
Salma. Me equivoco todo el tiempo. La diferencia es que cuando me equivoco lo admito. No me escudo detrás de «es solo comedia» o «la gente es muy sensible ahora».
Chelsea. Pero la comedia siempre ha sido sobre cruzar líneas. George Carlin, Richard Prior, Joan Rivers…
Salma la interrumpe.
Salma. Ellos cruzaban líneas atacando hacia arriba Chelsea, atacando al poder, no atacando a la gente más vulnerable. Hay una diferencia enorme entre burlarte del presidente y burlarte de la mujer que limpia tu baño.
Chelsea. Yo no me burlé de ti.
Salma. Tu pregunta fue una burla. Tal vez no lo ves así, pero lo fue. Los mexicanos cruzan solo para robar trabajos. Esa frase está diseñada para reducir, para despreciar, para hacer de menos.
Chelsea. Entonces, ¿qué? ¿Ya no puedo hablar de inmigración? ¿Es un tema prohibido?
Salma. Puedes hablar de lo que quieras, pero si vas a hablar de inmigración, habla con humanidad, habla con hechos, habla con empatía, no con estereotipos que hacen reír a gente que ya piensa lo peor de nosotros.
Chelsea. ¿Sabes qué? Estoy harta de esto. Estoy harta de que cada palabra tenga que ser analizada, diseccionada, juzgada por un tribunal moral que cambia las reglas cada 5 minutos.
Salma. Estás harta. ¿Tú estás harta, Chelsea?
Chelsea. Sí, estoy harta.
Salma. ¿Quieres saber qué es estar harta? Estar harta es tener que sonreír cada vez que alguien te pregunta de dónde eres realmente, como si California no fuera suficiente respuesta. Estar harta es escuchar a gente como tú hacer bromas sobre tu gente y tener que decidir si respondes o si simplemente tragas y sigues adelante porque no quieres causar drama. Estar harta es ver a tú madre llorar porque su hermana fue deportada después de 30 años viviendo aquí. 30 años, Chelsea, 30 años pagando impuestos, criando hijos, siendo parte de una comunidad y un día, puf, desaparece como si nunca hubiera importado.
Chelsea. Yo lo siento, de verdad lo siento.
Salma. No quiero tu pena, quiero tu atención, quiero que cuando hables de los mexicanos, recuerdes que estás hablando de alguien como mi tía, como mi primo, como la mujer que te vendió ese café esta mañana. Somos personas reales, no punchines.
La voz de Salma no ha subido ni un decibelio, pero el peso de sus palabras llena todo el estudio. Chelsea parece más pequeña en su silla.
Chelsea. No sé qué decir.
Salma. Entonces no digas nada. Escucha. Por una vez en tu vida, solo escucha.
Chelsea. Esto es más duro de lo que pensé que sería.
Salma. ¿Qué esperabas? ¿Que vendría aquí y sonreiría?. ¿Que hablaríamos de mi nueva película y todos felices?. No, Chelsea, no funciona así. No. Cuando abres con una pregunta diseñada para provocar.
Chelsea. Tal vez quería provocar. Tal vez pensé que sería interesante.
Salma. Y lo es. ¿Te parece interesante ahora?
Chelsea. Me parece doloroso.
Salma. Bien. El dolor a veces es necesario. Es lo único que nos hace cambiar.
Chelsea limpia una lágrima.
Chelsea. ¿Sabes qué es lo que realmente me duele?
Salma. Dime.
Chelsea. Que probablemente mañana voy a leer un artículo que dice: “Salma Hayek destroza a Chelsea Handler en entrevista viral», y todos van a tomar partido y nadie va a aprender nada, solo van a pelear en los comentarios.
Salma. Tal vez o tal vez alguien ve esto y piensa dos veces antes de hacer una broma sobre mexicanos en la cena de Navidad. Tal vez alguien decida educarse en lugar de repetir lo que escuchó en Fox News. Tal vez uno solo, Chelsea. Uno. Y eso ya vale la pena.
Chelsea. Tienes más fe en la gente que yo.
Salma. No es fe, es necesidad. Porque si no creo que la gente puede cambiar, entonces, ¿qué sentido tiene todo esto?
Chelsea. ¿Me perdonas?
Salma. No es mi perdón el que necesitas, Chelsea. Es el tuyo propio y el de cada persona que escuchó tu pregunta y se sintió menos humana por un segundo.
Chelsea. Eso es mucho peso.
Salma. Es la verdad y la verdad siempre pesa.
El silencio que sigue es largo, incómodo, pero de alguna manera necesario. La audiencia no aplaude, solo observa. Finalmente…
Chelsea. ¿Qué hago ahora?
Salma. Ahora haces mejor. Es lo único que cualquiera de nosotros puede hacer.
Chelsea respira profundo, mira a cámara, luego de vuelta a Salma.
Chelsea. ¿Sabes? Cuando planeamos esta entrevista pensé que iba a ser divertida. Pensé que íbamos a reír, a tomar vino, a hablar de Hollywood y relaciones y toda esa superficialidad que hago usualmente.
Salma. Y en cambio obtuviste algo real.
Chelsea sonría débilmente.
Chelsea. Supongo que sí, aunque real se siente como un eufemismo cuando me patearon el trasero en televisión nacional.
Salma. Nadie te pateó el trasero, Chelsea. Te respondí con honestidad. Eso es lo que pasa cuando invitas a alguien que no tiene miedo de decir la verdad.
Chelsea. Claramente subestimé eso.
Salma. La mayoría lo hace, especialmente en esta industria donde todos sonríen y mienten y fingen que todo está bien cuando no lo está.
Chelsea. Entonces, dime, después de todo esto, después de haberme, no sé, desmantelado en vivo, ¿crees que puedo hacer algo bien o ya estoy cancelada en tu mente?
Salma. No estás cancelada, Chelsea. Estás despierta, o al menos espero que lo estés.
Chelsea. Me siento bastante despierta, aunque también me siento como si me hubiera atropellado un camión.
Salma. Esa es la sensación de confrontar tus propios prejuicios. No es cómoda, pero es necesaria.
Chelsea. ¿Y ahora qué? Escribo un tweet de disculpa. ¿Hago un vídeo llorando? ¿Cuál es el protocolo para esto?
Salma. No hagas nada de eso. Eso es performativo y la gente puede oler la falsedad a kilómetros de distancia.
Chelsea. Entonces, ¿qué hago?
Salma. Haz el trabajo, lee, escucha, invita a más voces latinas a tu show, no como curiosidades exóticas, sino como seres humanos con historias complejas. Cuestiona tus propias suposiciones antes de que salgan de tu boca. Y cuando te equivoques de nuevo, porque lo harás, admítelo sin excusas.
Chelsea. Eso suena agotador.
Salma. Ser una buena persona es agotador, pero es mejor que ser una que lastima sin pensar.
Chelsea. ¿Ustedes escucharon eso? Salma básicamente me dio tarea.
Algunos en la audiencia ríen. La tensión afloja ligeramente, pero nadie olvida el peso de lo que acaban de presenciar.
Salma. No es tarea, Chelsea, es crecimiento y todos necesitamos crecer, incluyéndome a mí.
Chelsea. ¿Tú, tú necesitas crecer?, por favor, acabas de dar una masterclass en dignidad y debate.
Salma. Yo también tengo mis puntos ciegos. La diferencia es que trabajo activamente para reconocerlos y cuando alguien me lo señala, no me pongo a la defensiva. Escucho.
Chelsea. ¿Sabes qué? Voy a hacer algo que nunca hago en mi show.
Salma. ¿Qué?
Chelsea mira directo a cámara.
Chelsea. Si están viendo esto en casa y alguna vez han hecho una broma sobre mexicanos, sobre inmigrantes, sobre cualquier grupo de personas como si fueran menos que ustedes, deténganse, piensen en lo que acaban de ver aquí.
Metí la pata, lo admito. Abrí con una pregunta estúpida, cargada de prejuicio, y Salma no me dejó salirme con la mía. Y saben qué, me alegro de que no lo hiciera porque necesitaba escuchar esto y tal vez ustedes también.
Salma. Chelsea…
Chelsea. No, déjame terminar. Durante años he construido mi carrera siendo la que dice cosas controvertidas, la que hace reír a la gente con observaciones atrevidas, pero hay una línea entre ser atrevida y ser hiriente. Y hoy crucé esa línea y Salma tuvo el coraje de llamarme la atención.
Salma. No fue sobre coraje, fue sobre necesidad.
Chelsea. Tal vez, pero te agradezco por ello, de verdad, porque es fácil rodearte de gente que te dice lo maravillosa que eres. Es difícil sentarte con alguien que te muestra tus fallas.
Salma. Y aún así está escuchando eso. Dice algo sobre ti, Chelsea.
Chelsea. ¿Qué dice Salma?
Salma. Que tal vez debajo de todas esas defensas hay alguien que realmente quiere hacer mejor.
Chelsea. Señores, no puedo creer que voy a llorar en mi propio show.
Salma. Las lágrimas no son debilidad, son reconocimiento.
Chelsea. Siempre tienes la frase perfecta para todo, ¿no?
Salma. He tenido 59 años de práctica siendo subestimada, estereotipada y reducida a un acento. Así que sí, aprendí a tener las palabras listas.
Chelsea. Bueno, gracias por compartirlas conmigo, incluso si dolió.
Salma. Especialmente porque dolió.
Chelsea se vuelve hacia la audiencia. Su rostro todavía marcado por la emoción, pero también por algo parecido a la determinación. Chelsea, a la audiencia. Esto no va a ser editado. Van a ver todo, los momentos incómodos, mis lágrimas, todo. Porque creo que es importante. Creo que necesitamos ver conversaciones reales, no versiones pulidas y esterilizadas donde todos fingen estar de acuerdo.
Salma. Estoy de acuerdo.
Chelsea. ¿Volverías a mi show después de esto?, ¿Volverías?
Salma. Depende. ¿Vas a hacerme otra pregunta estúpida, Chelsea?
Chelsea. Probablemente, pero al menos ahora sé que no me dejará salirme con la mía.
Salma. Exacto. Y esa es la razón por la que volvería.
Chelsea. Si algo aprendieron hoy, que sea esto. No tengan miedo de ser confrontados. No tengan miedo de estar equivocados. Tengan miedo de nunca cuestionarse. Tengan miedo de quedarse cómodos en su ignorancia, porque ese es el verdadero peligro.
La audiencia aplaude esta vez de pie. El sonido llena el estudio como una ola.
Chelsea. Gracias por no dejarme ser la versión cobarde de mí misma.
Salma. Gracias a ti por tener las agallas de dejar que esto sucediera.
Chelsea con una sonrisa cansada pero genuina.
Chelsea. Esta fue Chelsea en Netflix. Y si les incomodó lo que vieron hoy, bien, esa era la intención. Ahora hagan algo con esa incomodidad. Aprendan, crezcan, sean mejores.
Salma añade mirando directo a cámara.
Salma. Y recuerden, detrás de cada estereotipo hay una persona real, con una historia real, con un corazón que late como el suyo. No lo olviden.
Las luces bajan lentamente. Chelsea y Salma permanecen sentadas. El peso de la conversación todavía entre ellas, pero también algo parecido al respeto mutuo. La audiencia continúa aplaudiendo mientras la cámara se aleja. Chelsea, en voz baja solo para Salma. Tomamos ese vino ahora. Salma sonríe. Ahora sí creo que lo necesitamos. Y en ese pequeño momento de humanidad compartida, algo cambió. No en el mundo, no todavía, pero en ese estudio, en esas dos mujeres, en cada persona que presenció lo que acababa de suceder. Porque a veces el cambio comienza con una pregunta incómoda y una respuesta aún más incómoda. Y el coraje de no mirar hacia otro lado.
Chelsea mirando directo a cámara mientras los créditos empiezan a aparecer.
Chelsea. Una última cosa antes de que se vayan. No compartan este video solo para cancelarme o para celebrar que me pusieron en mi lugar. Compártanlo porque quieren tener conversaciones reales, difíciles, incómodas. Compártanlo con alguien que necesita escuchar esto tanto como yo. Y luego háganme un favor. Siéntense con alguien diferente ustedes, alguien con un acento distinto, un color de piel distinto, una historia distinta.
Y simplemente escuchen, de verdad escuchen, porque ese es el único camino hacia delante. No los tweets, no las guerras en comentarios, solo conversaciones honestas entre seres humanos que se atreven a ser vulnerables. ¿Lo harán? Por favor, háganlo. Por mí, por Salma, por todos nosotros.
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