La historia de aquellos años, como ahora, no es como aparece en los libros de texto, en las enciclopedias o en las redes sociales.

  1. En la actualidad, después de la humillación marroquí con la isla de Perejil, vino el atentado del 11-M, con 200 muertos y más de mil heridos. Cerrado en falso.
  2. En 2021, Ceuta sufrió una invasión y Pedro Sánchez escribió una carta al rey Mohamed VI, en la que reconoce la marroquinidad del Sáhara.
  3. En estos días, una nueva invasión de Ceuta. Marruecos nos enfrenta a una guerra híbrida a la que España no responde. Todo esto huele tan mal como los documentos que se han ido conociendo sobre el «Desastre del 98».
«1898. Crónica de una derrota pactada»

Nos abrió los ojos el militar y profesor, arqueólogo e historiador Federico Miguel Santaella Pascual allá por febrero del «21», con la publicación de su libro 1898. Crónica de una derrota pactada. En esos días, la pésima gestión de este infame Gobierno durante la COVID-19 nos obligaba a llevar mascarillas para beneficios económicos de ministros y gerifaltes del PSOE. Hoy, muchos están en la cárcel o haciendo cola para entrar.

En su libro sostiene que España no perdió las provincias de ultramar por inferioridad militar. Argumenta que las élites políticas del Gobierno de la Restauración, liderado por Práxedes Mateo Sagasta, del Partido Liberal, pactaron en secreto la entrega de las islas a los Estados Unidos con el Partido Conservador, liderado provisionalmente por Francisco Silvela tras el asesinato de Cánovas del Castillo por un anarquista.

Durante los años que rodearon el Desastre del 98, los dos partidos participaban de un sistema político altamente cuestionado y conocido como «el turno pacífico». Este sistema, diseñado por Cánovas, consistía en el reparto alternativo del poder entre los dos grandes partidos, garantizando la estabilidad de la Corona mediante el control absoluto y la falsificación sistemática de las elecciones a través de los caciques locales.

Según el estudio de Santaella, Sagasta llegó a la presidencia del Consejo de Ministros en octubre de 1897, cuando las insurrecciones de Cuba y Filipinas estaban en su punto más crítico. Su proceder de cara al público era que se gestara para Cuba y Puerto Rico un Gobierno autonómico. Pero, entre bambalinas, se suscribía el complot con Silvela, quien mantuvo una actitud dócil que denominaba «patriotismo responsable», apoyando las decisiones de Sagasta.

Se diseñó una «parodia de guerra» o conflicto ficticio para justificar la inevitable rendición y pérdida de la flota, provocando el agotamiento del pueblo español tanto con la muerte de la juventud como con el empobrecimiento de la gente por destinar los recursos a la guerra.

El trasfondo histórico

Bajo la investigación del autor, se retrocede hasta principios del siglo XIX. Analiza la influencia de los intereses británicos, la quiebra económica del país por las continuas guerras civiles y la intervención de sociedades secretas o logias masónicas españolas obedientes a las británicas. La pérdida de Las Españas fue un proceso de traiciones internas  durante un siglo  y que, según lo visto con Ceuta, no parece haber concluido.

¿Cuándo y cómo se «revelan» estas sospechas sobre la rendición en 1898?
  1. Una derrota forzada sin intención de ganar. La investigación señala que se relevó a mandos militares muy válidos y combativos de sus puestos para colocar a otros con mayor obediencia política.
  2. Las élites de la Restauración no tenían ninguna intención de ganar. Sacrificando barcos y vidas humanas con el único objetivo de salvar la estabilidad de la monarquía española frente a una revolución interna. Decisiones como la del almirante Cervera, a quien se le ordenó textualmente salir del puerto de Santiago de Cuba directamente hacia la flota estadounidense, a plena luz del día, un movimiento calificado como un «suicidio oficial».
  3. Indefensión inducida desde Madrid. La precaria situación de la flota en Filipinas y la falta absoluta de defensas modernas en la bahía no fueron simples negligencias. Cuando este reclamó desesperadamente recursos mínimos, minas marinas o refuerzos, la respuesta oficial del Gobierno fue un telegrama diciendo: «siento no poder mandar recursos».

Según la tesis, el Ministerio de Marina dejó deliberadamente desatendido Filipinas y el almirante Montojo ordenó a los comandantes de sus buques que los hundieran abriendo las válvulas de fondo, después de retirarse a Manila.

¿En qué se basa «1898. Crónica de una derrota pactada»?
  1. Apertura de archivos históricos: cartas diplomáticas privadas y documentos custodiados en instituciones como la Biblioteca Nacional de España que revelan negociaciones bajo la mesa, previas a la guerra.
  2. Análisis de intereses económicos: el rastreo de cómo las deudas financieras de España y la influencia de potencias extranjeras, como Inglaterra, presionaban por la liquidación del imperio colonial.
Conclusión

La verdad oculta no se admite mediante declaraciones oficiales, sino que la desentierran los historiadores analizando las contradicciones de los hechos consumados. Recordar el Desastre del 98 en estos momentos es crucial para la supervivencia de España. Porque, si algo positivo podemos sacar de aquella traición (en la que desnaturalizaron a millones de españoles), es poner luz y taquígrafos en lo que ocurre hoy en Ceuta y Melilla.

  • No confiar en un Gobierno que ha demostrado que piensa más en los intereses personales que en la nación.
  • Observar qué deuda económica tiene actualmente España y si pueden estar presionando y reclamándola bajo la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos.
  • El Gobierno español, sumiso a intereses extranjeros, ya ha cedido en el Sáhara y Gibraltar.

El Gobierno de Sagasta jamás confesó la verdad. La trama emerge más de un siglo después para prevenirnos de lo que nos viene encima con Ceuta, Melilla, Chafarinas y Canarias como no espabilemos.