Sin duda el turismo de línea ecológica y comunitaria se está convirtiendo en una estrategia para salvar, restaurar o preservar paisajes, especies, vestigios de culturas milenarias y también organizaciones sociales estudiadas por la antropología que están en peligro de extinción.
En estos tiempos de separación profunda entre el campo y la ciudad, los turistas nos sorprendemos mucho al descubrir cosas como que los racimos de paja amarilla que caracterizan al altiplano, que parecen cabellos ancianos de tierra seca, también respiran y al hacerlo producen humedad que es atraída por las brisas y los vientos hasta formar nubes y por lo tanto lluvia, o sea que la paja brava de apariencia agreste también es capaz de darnos agua.