Los gobiernos de Centroamérica alimentan una crisis de refugiados cada vez más intensa al no abordar la violencia desenfrenada y los altísimos índices de homicidio de El Salvador, Guatemala y Honduras, que obligan a cientos de miles de personas a huir.
Las reiteradas depresiones económicas de América Central no solo agravan una violencia de tipo crónica y aumentan la incapacidad de los gobiernos de mejorar las condiciones de sus ciudadanos sino que, año tras año, obligan a cientos de miles de personas a huir de sus comunidades para asegurarse su supervivencia.