En los tiempos convulsos que viven las Españas (en contadas ocasiones de nuestra historia no han sido convulsos), no cuesta imaginar el revuelo que se formaría si uno de los escritores más famosos del momento calificara al pueblo vizcaíno, por ejemplo, de nación; se mofara de las tendencias del momento, o cargara de forma inmisericorde contra la hipocresía de las clases acomodadas.
Resulta de lo más divertido cómo a veces, sin ser deliberado en absoluto, el arte se burla y ridiculiza a quien trata de amaestrarlo para sus intereses. En ocasiones la rebeldía artística es evidente e intencionada. En otras, mera casualidad, lo que lo hace aún más hilarante.