A partir del lunes 19 de enero y durante cinco días, la ciudad de Davos, en los Alpes suizos, acoge la 56ª. reunión anual del Foro Económico Mundial (World Economic Forum, o WEF, en inglés). La elite económica y política planetaria buscará en ese lugar paradisíaco la manera de reasegurarse en medio de una compleja coyuntura internacional marcada por cambios de paradigma.
El Foro Económico de Davos se inauguró el lunes 20 de enero casi en paralelo a la asunción en Washington de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Los 6.700 kilómetros que separan la capital norteamericana de esa ciudad suiza marcaron, también, distancias conceptuales de fondo entre el proyecto proteccionista del nuevo presidente estadounidense -expuesto en su discurso inaugural en la Casa Blanca- y la apuesta todavía vigente del Foro de Davos a favor del libre mercado y la globalización.
En respuesta a la nueva cita de los ricos y poderosos en Davos en el foro que hoy comienza, Amnistía Internacional se ha pronunciado en ese sentido.
El Foro Económico Mundial de Davos, no logrará ser lo que fue en el pasado. Tampoco son las mismas de antes las tibias protestas del movimiento antiglobalización contra este think tank del pensamiento hegemónico.
Entre el 16 y el 20 de enero el Foro Económico de Davos se vuelve a reunir en esa ciudad suiza bajo el lema «Cooperación en un mundo fragmentado». Más de 2.500 participantes, incluido un medio centenar de jefes de Estado o de Gobierno llegarán a ese centro turístico invernal de los Alpes. A diferencia de ediciones pasadas, con la excepción del canciller alemán Olaf Scholz, ningún dirigente de una gran potencia confirmó su viaje a Davos.