El día 20 de noviembre empieza el mayor espectáculo del mundo, el mundial de fútbol.
Desde hace meses nos insisten, pan y circo, y así, como siempre, nos tienen distraídos. Sin embargo, debemos reflexionar sobre el evento en cuestión que, con todo el respeto para jugadores y aficionados, a mi me parece una gran payasada.
Se acerca el pitazo inicial de un nuevo mundial. Con la mira en Qatar, la presión en el «planeta fútbol», dentro y fuera de la cancha, aumenta sin cesar. Pasión de multitudes dignificada, ahora, por un acuerdo sindical a nivel mundial. En tanto la sociedad civil internacional exige memoria y reparación ante el irrespeto de los derechos humanos en la etapa premundialista.