En esta circunstancia un tal Pedro Serrano (aunque hay relatos que lo llaman Maestre Juan), como buen nadador que era, salva la pólvora y a otros cinco marineros, los cuales quedan en la isla sin más equipamiento que lo puesto. No se logra salvar nada más de la nave que se hunde sin remedio con todos sus pertrechos.

La isla a la que llegaron era simplemente un bajío de arena blanca más o menos extenso que sobresalía un poco por encima del agua, sin vegetación y sin agua dulce, aunque con muchas tortugas y lobos marinos. Este aporte alimenticio les permitió cazar tortugas y focas (foca monje del Caribe o foca fraile caribeña extinguida en el siglo XX) comer su carne y beber su sangre a modo de agua. Sin embargo, el tiempo transcurría y por allí no pasaba nadie.

Aproximadamente tres meses después la desesperación hizo que tres de los náufragos, con las pieles de las focas, palos y alguna cáscara de tortuga, consiguieron construir una balsa y salir a mar abierto a una muerte más que segura. En la isla quedaron Pedro, un malagueño y un mozo… aunque pronto quedaron solo Pedro y el mozo, ya que el malagueño por la locura de estar sin agua ni fuego empezó a comerse su propio brazo. El pobre hombre por lo visto acabó muriendo de la rabia.

Pedro y el muchacho, tras quedar solos, decidieron recoger agua de lluvia con las cáscaras de tortuga y las pieles, aprovechando las lluvias de octubre, e intentar procurarse una mísera piedra (por no haber, no había ni piedras) con las cuales hacer fuego. Finalmente, buceando en las cercanías del barco hundido, Pedro encontró una piedra que utilizaron convenientemente e hicieron una hoguera con algas secas y maderas traídas por la marea; se protegieron con una cabaña hecha de caparazones de tortugas y llegaron hasta enero, época en que parían las focas y podían comer carne fresca. Con esto y los huevos de tortuga que a veces cogían, pasaron tres años sin ver a nadie, o al menos sin que los vieran a ellos, toda vez que ellos sí que vieron algún barco en lontananza, pero el avistamiento no fue bidireccional a pesar de hacer fogatas para indicar su presencia.

Uno de los días, recibieron la visita de dos náufragos que estaban perdidos en otra isla cercana, los cuales, al ver la humareda a lo lejos, decidieron ir a buscar la compañía humana, habida cuenta que parecía más sencillo sobrevivir en grupo que en solitario… más aún si estabas absolutamente falto de todo, como era el caso.

Pasado un tiempo, decidieron hacer con pieles y palos una balsa grande con la cual poder llegar a las costas de Jamaica. Comenzaron por hacer una visita a las islas cercanas a la suya, pero viendo que la barca podría hacer aguas en cualquier momento, decidieron volver a la isla. Ello no dejó muy contento a los más jóvenes, los cuales decidieron lanzarse a la aventura con la balsa, dejando en tierra a Pedro y al otro compañero…

Situación de Banca Serrana.

Pasaron varios años como buenamente pudieron acosados por la sed y hambre, y cuando hacía 8 años del naufragio del barco de Pedro, finalmente, un barco divisó la humareda y envió un bote a reconocer el origen del fuego.

Los hombres, prácticamente desnudos, y con unas melenas y barbas que les llegaban hasta la cintura, cuando llegaron los marineros, se arrancaron a rezar el Credo ante ellos para que no pensasen que en vez de náufragos eran diablos y se largaran dejándolos allí. Una vez comprobado que eran gente cristiana, los subieron y volvieron hacia Europa.

Carlos V

Aún les quedaba el trago de un largo viaje por pasar y el compañero de Pedro Serrano no lo soportó, falleciendo durante la travesía. Serrano, sin embargo, completó con éxito su aventura llegando a España en 1534, donde se hizo tan famoso con su historia que los gobernantes quisieron llevarle a Alemania para que la oyese el emperador Carlos V de su propia voz. Y para que la historia no perdiera credibilidad, le pidieron que fuese sin cortarse el pelo ni afeitarse.

Carlos V quedó estupefacto con su relato y le premió con cuatro mil pesos de renta que eran 4.800 ducados en el Perú, donde Serrano quería retirarse. Antes de partir, Serrano se dejó ver por Madrid comportándose como una especie de animador de fiestas cortesanas, donde acudía invitado por la nobleza para contar su relato. Tras gozar de aquella fama pasajera, Serrano zarpó rumbo a Perú para vivir de las rentas que tan costosamente había ganado pero no pudo cobrar ni siquiera el primer pago porque falleció nada más llegar a Panamá.

Banca Serrana

La isla en la que estuvo se llama hoy La Serrana en homenaje al náufrago y a su aventura. Está en pleno mar del Caribe, frente a las costas de Nicaragua, aunque en la actualidad pertenece a Colombia. Hacia la década de los noventa, unos buscadores de tesoros encontraron en la isla un túmulo de rocas y algunas herramientas que según se cree pudieron pertenecer a Serrano.

Tamaño de Banca Serrana, lugar en el que permaneció durante 8 años el náufrago Pedro Serrano hasta ser rescatado.

La historia de Pedro Serrano ha sido puesta en duda en ocasiones precisamente por lo extraordinario de los hechos, pero el aval del historiador Martín Fernández de Navarrete le otorga suficiente veracidad.

Robinson Crusoe

Se ha especulado mucho sobre la posibilidad de que Pedro Serrano hubiera servido de inspiración a Daniel Defoe para su novela “Robinson “Crusoe”, pero las semejanzas no van más allá de la existencia de un naufrago y ni la época, ni el lugar, ni el contexto, ni la historia se asemejan en nada, resultando, en cambio, que si lo hacen con la del naufragio del escocés Adam Selkirk, en el archipiélago Juan Fernández del Pacífico, descubierto, cómo no, por un español.