Aquella última noche, tú y yo,

pernoctando bocarriba

en una cama de bambú,

bajo el tejado de nipas roto,

sobre las cortezas de bivín,

donde nos iluminaba aquella lumbre,

sintiendo el frescor

de las paredes de calabó;

comiendo berenjenas

y tubérculos de yuca.

 

Aquella noche nos miramos

y te recuerdo,

oh mujer de ébano,

cuerpo dulce y achocolatinado,

musa voluptuosa,

bella hija subsahariana.