California: de Montalvo a mi bahía
La “isla” mítica de Las Sergas de Esplandián y la tierra española que aún late en sus nombres y en mi corazón.
La “isla” mítica de Las Sergas de Esplandián y la tierra española que aún late en sus nombres y en mi corazón.
La rendición de Granada, el óleo de Francisco Pradilla Ortiz (1882), cuelga en la pared de mi sala. La pintura muestra a Boabdil, último sultán de Granada, al-Ándalus, entregando las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos.
A inicios de los 90, en un taller del Área de la Bahía de San Francisco, escuché a una ponente citar este juego de palabras: “I’m not his panic, I’m not her panic, I’m nobody’s panic. Don’t call me Hispanic” (“no soy el pánico de él, ni el de ella, ni el de nadie; no me llames hispana”). Aquello me chocó. Décadas después, escribo su espejo: I’m his panic, I’m her panic, I’m everybody’s panic (“soy su pánico —de él—, soy su pánico —de ella—, soy el pánico de todos”) para devolver el juego y afirmar que no es el pánico de nadie: es mi nombre, mi raíz y mi herencia.
Un recuerdo vivo de la huella española en Puerto Rico y un llamado afectuoso a mantener ese vínculo.
Nuestra primera historia fue toda igual. Las tres nos creamos juntas, lado a lado. Terremotos, diluvios, vientos, salidas de sol, noches de luna plena. Un archipiélago de islas grandes y pequeñas, pero nosotras tres, siempre una al lado de la otra, juntitas