Todo superávit exterior supone dos cosas: una demanda interior inferior a la oferta, es decir, una déficit de demanda interna, y la necesidad de financiar al país o países con déficit. En definitiva, fastidiar a los de casa para terminar fastidiando a los de fuera, ahogados por la financiación externa, si ésta es en forma de préstamo, o conquistados y colonizados si toman forma de inversión.
Hace un par de días estuve en Galicia y cuando paseaba por la calle de una de sus capitales escuché unos pitos y un barullo ante el que nadie se sorprendía. Después, ante cierta indiferencia general, presencié un desfile de personas la mayoría mayores y –no había más que verlas- trabajadoras, de las que se han dejado la vida en el trabajo. Los manifestantes eran gente de esa que hasta ahora no era habitual de las manifestaciones: señoras y señores mayores con aspecto de no meterse en política o, al menos, de no hacerlo de manera muy habitual.
A lo largo de los años de la “burbuja”, y como consecuencia ideológica de la restauración del capitalismo en los llamados estados “socialistas”, parecía que las predicciones sobre la desaparición de la clase obrera eran reales. Todos éramos “clase media”, menos el 1% mas rico y los que, decían que por motivos ajenos el sistema, eran excluidos de él.
La situación actual de profunda crisis necesita más que nunca un debate a fondo para elaborar alternativas que se traduzcan en movilización, organización y unificación política. Y, en efecto, el título de este artículo es el mismo de un libro claro, conciso y breve, que aporta apreciables elementos de análisis y síntesis para la acción colectiva.
A las 500 primeras fortunas de Francia les sienta divinamente la crisis económica, hasta el punto de que se han acrecentado en más del 23% en el último año. El mismo en el que el desempleo ha tomado una imparable curva ascendente y se suceden los expedientes de regulación de empleo y las suspensiones de pagos.
La respuesta a la pregunta del título de este artículo es compleja y no exenta de dificultades. En este sentido, se tratará de explicar algunas –no todas- de sus vertientes, como son el sistema financiero, el sector público, la vivienda, el empleo y las pensiones.
Tras las presidenciales francesas de 2012, el International Herald Tribune condensó en una viñeta el estado de ánimo en la Unión Europea.
En la puerta de una escuela, “frau Merkel” recibe a François Hollande, recién investido con la banda presidencial, que se presenta con una sonrisa: “Soy el nuevo…” “alumno. Lo sé”, le interrumpe la maestra con gesto altivo. En el fondo del aula, la bandera europea y, escrito en la pizarra, “austerity”.
Una estrategia de salida de la crisis obliga a cuestionar el lenguaje utilizado por el mainstream académico y por las élites políticas. Este cuestionamiento debe ir a la raíz misma de su elaboración, pues su aceptación y utilización ha supuesto una gran victoria cultural de las políticas neoliberales.
Sobre el presente de la crisis actual se proyecta de manera evidente la ideología de la ex primera ministra británica en materia de concepción de la sociedad, los servicios públicos, las relaciones laborales y la política económica. No existe «esa cosa llamada sociedad”, en palabras textuales de la fallecida M. Thatcher, porque para ella sólo existían los individuos, “el homo economicus”, el principio del egoísmo individual y la insolidaridad.
El crecimiento de la desigualdad en la distribución de la renta es un fenómeno que se viene observando en las economías de la OCDE desde los años ochenta y en España desde tiempos más recientes. Por si fuera poco, la recesión económica y las políticas de austeridad están ahondando todavía más dicho proceso, amenazando con romper la cohesión social.