Pocas mujeres siguen despertando juicios tan severos como La Malinche. Más de quinientos años después de su muerte, continúa siendo para muchos el símbolo de la traición. Sin embargo, las fuentes más cercanas a los acontecimientos ofrecen una imagen muy diferente. Las crónicas indígenas del siglo XVI suelen retratarla como la que tenía la palabra, la mediadora que sostenía el diálogo entre Cortés y los pueblos indígenas. La figura de Marina como gran traidora de México no nació en aquellos testimonios tempranos, sino siglos después, cuando el nacionalismo criollo y, más tarde, el indigenismo de los siglos XIX y XX buscaron explicar la conquista mediante héroes y villanos, reservándole a ella ese último papel.