Nosotros, los pueblos
ADOPCIÓN DE UNA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LA DEMOCRACIA PARA ENTRAR ADECUADAMENTE EN LA NUEVA ERA.
ADOPCIÓN DE UNA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LA DEMOCRACIA PARA ENTRAR ADECUADAMENTE EN LA NUEVA ERA.
¡Magnífica y oportuna reacción de prestigiosos diplomáticos guatemaltecos, para evitar la puesta en práctica del insólito anuncio, en el fondo y en la forma, del insólito presidente!
¡Irreversible deterioro ambiental!, ¡pobreza extrema!, ¡incendios y otras catástrofes!, ¡emigrantes!… Estos son los objetivos que ahora, por un acuerdo unánime a escala mundial, conscientes todos de que se trata de una responsabilidad generacional histórica, deben abordarse de forma impostergable.
Rebosamos de informes de expertos y “think-tanks” que nos advierten de lo que puede suceder si seguimos haciendo caso omiso de las advertencias rigurosamente científicas en relación a la calidad de la habitabilidad de la Tierra. Y, en lugar de actuar, creamos otra comisión y solicitamos otro informe.
Ser diversos es nuestra riqueza, actuar unidos será nuestra fuerza.
Ahora sí, de forma inaplazable, son “los pueblos” los que deben tomar en sus manos, las riendas de su destino. Ahora, sí, “Nosotros los pueblos”, como lúcidamente establece la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas, porque los gobernantes se hallan, en su inmensa mayoría, amilanados, ofuscados, silenciosos, silenciados.
Con gran interés he leído el artículo de Aram Aharonian “Otro FSM es posible, necesario” publicado por Other News el 12 de marzo de 2018 que se refiere al primer Foro Social Mundial de 2001 y señala (¡con toda razón!) que “Es hora que el FSM vuelva a ser un actor que incida en el mundo”…
Intolerable acción militar antes de que los inspectores designados por las Naciones Unidas dictaminen sobre el uso de las armas químicas en uno de los últimos reductos rebeldes.
Me lo dijo el Presidente Nelson Mandela en 1996 en Pretoria, cuando yo le manifestaba mi decepción por la escasa aceptación que en aquel momento había conseguido la cultura de paz frente a la cultura de imposición, violencia y guerra que había prevalecido durante siglos.
¿Dónde están las voces que tanto se anunciaban? ¿Las voces de los marginados, de los olvidados, de los jóvenes cuyo futuro se ensombrece todavía más por un puñado de monedas, de las comunidades académica, científica, artística… que debían estar al frente de la gran movilización popular que hoy es imperativa y apremiante?