En honor a Jordi Siracusa, queremos reproducir el homenaje que le rinden en el periódico de referencia en Zaragoza, su ciudad adoptiva.
El autor barcelonés, residente en Zaragoza desde hace algunos años, publicó el pasado año la novela autobiográfica ‘Quinto patio’, que recrea su infancia y juventud.
Con gran pesar, el mundo de la cultura aragonesa y nacional despide a Jordi Siracusa, seudónimo de Jordi Martínez Brotons, un polifacético escritor, poeta, letrista y cantor de coros que dejó una huella imborrable en la comunidad. La noticia de su fallecimiento, comunicada por la Asociación Aragonesa de Escritores, ha sido recibida con profunda tristeza por amigos, colegas y lectores que admiraban su talento y su energía.
Nacido en Barcelona, Jordi Siracusa se afincó en Zaragoza a mediados de la década de los ochenta, una ciudad que lo acogió y a la que, según sus propias palabras, el destino le tenía reservado un largo y fructífero camino. “A mediados de los ochenta la Olivetti me nombró director de zona. El director general y el jefe de personal me aseguraron que sería solo por dos o tres años. Y aquí me quedé”, recordaba en una entrevista con Antón Castro publicada el pasado año, confirmando su amor por una tierra que lo adoptó y a la que dedicó gran parte de su vida profesional y personal.
En el ámbito literario, fue una figura clave en la Asociación Aragonesa de Escritores, donde formaba parte de la Junta y dirigía la revista ‘Imán’. Su prolífica obra abarca poemarios como ‘Ola en tierra adentro’ (2005), novelas históricas como ‘Al hilo de la vida. Eulalia de Borbón, la indómita’ (2011), y las aventuras de su personaje JB, que comenzaron con ‘Manila Hotel’. En 2022, publicó dos obras más, ‘Tierra de Teruel’ y ‘Sinfonía Azul Prusia’, demostrando su inagotable creatividad.
Más allá de sus logros profesionales y literarios, Jordi Siracusa será recordado por su carácter afable y su eterna simpatía, un legado que perdurará en la memoria de quienes lo conocieron.. Este jueves, a las 12.15, se celebrará una ceremonia civil en la sala de ceremonias número 2, en un último adiós a un hombre que se definía a sí mismo como “ciudadano universal” y cuyo estado civil era, simplemente, “enamorado”.
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