A medida que envejezco siento que el tiempo pasa más rápido, como un sueño, como dice una frase de la canción «dust in the wind» : «-cierro los ojos y el momento se ha ido -» seguramente , por eso, por saber que cada día estoy más cerca del final de mi camino, más disfruto cada pequeño momento y medito y me pregunto: ¿qué constituye un momento feliz? ¿Tiene que suceder algo extraordinario para que esté feliz? ¿Necesito cosas o atención sin fin para estar feliz?

Yo, personalmente no, no necesito cosas, atención o sucesos extraordinarios para ser feliz. Para mí es algo interior, es abrir los ojos y el corazón al asombro de cada pequeño instante, es estar agradecida por mis circunstancias, porque de ellas aprendo.

He llegado a la conclusión de que no existen momentos ordinarios, creo que solo existen ojos ciegos y corazones duros que no aprecian el milagro que hay en cada momento de nuestra existencia.

¡ Las maravillas de la vida nos rodean!

Para mi son cosas como la risa traviesa de mis nietos al jugar conmigo, el primer paso vacilante de nuestro nuevo bebé, el abrazo de mi esposo, la mirada de amor en los ojos de mi perrita, la llamada de mis hijos y hermanos, el soplo del viento que me refresca, la lluvia que me arrulla al dormir, la flor que me regala sus hermosos colores y su perfume, una charla con mi vieja amiga, un buen libro para leer, un nuevo proyecto para realizar…

Mi deseo de Navidad y año Nuevo, es que se abran los ojos y el corazón de la humanidad para que apreciemos cada pequeño momento, que estemos satisfechos con la maravilla de nuestra vida, o hagamos algo para cambiarla, y que apreciemos y aprovechemos cada oportunidad de servicio, aprendizaje y gozo.

¡Que sea un año de progreso y amor!