El ser humano y el planeta deben ser lo primero
Las generaciones que ahora tienen 15 años o menos, cuando alcancen su madurez tendrán muchas dificultades para sobrevivir. Como si fuera una epidemia incontrolable, cada …
Las generaciones que ahora tienen 15 años o menos, cuando alcancen su madurez tendrán muchas dificultades para sobrevivir. Como si fuera una epidemia incontrolable, cada …
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático advierte: los efectos del calentamiento global ya están aquí y se manifiestan a través de condiciones meteorológicas extremas. La transición energética y el viaje hacia la descarbonización no pueden esperar.
Al encender el ordenador para escribir el texto que ahora está ante los ojos del lector, se abrió en la pantalla una ventanilla que indicaba el número de gramos de CO2 no emitidos a la atmósfera gracias a haberlo mantenido en posición de “hibernar” durante unas horas, en vez de dejarlo encendido.
Rebosamos de informes de expertos y “think-tanks” que nos advierten de lo que puede suceder si seguimos haciendo caso omiso de las advertencias rigurosamente científicas en relación a la calidad de la habitabilidad de la Tierra. Y, en lugar de actuar, creamos otra comisión y solicitamos otro informe.
Lejos de ser un mero receptáculo de buenas intenciones, este 5 de junio centrará esfuerzos en un tema concreto y urgente: la expansión desmedida de los residuos plásticos, que ya forman islas del tamaño de países en nuestro océanos, dañan la vida marina y amenazan la salud humana.
El único lugar del mundo en el que absolutamente todos los países se ponen de acuerdo se llama Svalbard Global Seed Vault. Es un enorme búnker excavado a 150 metros en una montaña helada de la isla noruega de Spitsbergen. Recibe muchos nombres, entre ellos el ‘Arca de las semillas’ o ‘La bóveda del fin del mundo’, y se trata de un enorme y remoto semillero en el que el planeta entero ha puesto sus esperanzas.
Cuando se habla de las consecuencias devastadoras del cambio climático, se tiende a desviar la mirada hacia los países más vulnerables, bien por sus elevados niveles de pobreza, bien por su climatología extrema, y muchas veces porque coinciden ambas circunstancias en el mismo lugar.
Las temperaturas primaverales de las que estamos disfrutando estos días navideños ya son un síntoma de que los efectos del cambio climático se están haciendo notar, poco a poco, también en aquellos países lejanos a los polos, cuyo deshielo es una realidad desde hace varios años, pero es que, ahora, además de las sensaciones térmicas que podamos tener los ciudadanos de a pie, es la propia Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) quien, en base a datos recogidos hasta el pasado 30 de noviembre, quien también lo constata.
Sobre el acuerdo alcanzado en la Cumbre del Clima de París (COP 21), Greenpeace valora positivamente el compromiso de casi 200 países de limitar a 1,5 ºC el calentamiento global pero alerta de que no fija los medios para lograrlo.
Lo peor del texto en el que se está trabajando en París es la falta de concreción de un plazo para la eliminación de las emisiones de carbono y que los objetivos de reducción sean débiles. No obstante, es positivo que siga presente en el borrador el objetivo de no sobrepasar los 1,5 grados de aumento de la temperatura media del planeta.