Los datos sobre la delincuencia internacional siempre son escalofriantes pero no nos dejan una impresión realista de lo que ocurre verdaderamente en las sombras hasta que hablamos del precio de las armas o los estupefacientes como los criminales lo harían, es decir, como si fuesen manzanas, coches o batidoras.
En España pasó la época en la cual robar una gallina era motivo suficiente para visitar la cárcel.