La llamada economía 4.0 –basada en la automatización generalizada con la aplicación de sistemas inteligentes y tecnologías de la información– va a suponer una aceleración sin precedentes de nuestra capacidad productiva con ahorros de mano de obra directa. Un proceso que ya está en marcha desde hace años y que plantea retos sociales de gran calado.
¿Cómo suena que una multinacional tabaquera demande a dos estados soberanos porque la obligan a poner en las cajetillas que el tabaco es malo? ¿O que una petrolera demande a una república porque un tribunal de la misma la condenó a limpiar todo lo tóxico que vertió en la Amazonia durante años? Ha ocurrido. Las demandantes son Philips Morris y Chevron; los demandados, Uruguay y Ecuador.