En enero de 2004 emprendí un viajé a Bolivia después de muchos años de ausencia.
En el mundo contemporáneo, también llamado moderno, la belleza se caracteriza por ser uno de los pilares básicos necesarios para estar bien situado dentro de él.
En el buen escritor, la frontera entre lo real y lo imaginado es prácticamente invisible en la narrativa literaria, la línea que separa ambos conceptos es tan difusa que no se percibe.
A principios de invierno la Semana Nobel, en Estocolmo, comienza a desplegar su manto de expectativas, y el mundo entero fija su mirada en la capital escandinava.
Una frase, al menos sugerente, es la que el título nos presenta.
En el vasto universo de las ideas y las corrientes filosóficas que han moldeado nuestra civilización, pocos métodos destacan tanto por su simplicidad y profundidad como la mayéutica.
El francés René Descartes hizo un planteamiento filosófico que se convirtió en la base fundamental del racionalismo occidental, su frase en latín «cogito ergo sum» se traduce como: «pienso, luego existo».
La flor de cerezo, también llamada «sakura» en japonés, es una flor pequeña con delicados tonos rosados o blancos que se van esparciendo por las ramas de un árbol no muy alto. Estos árboles son originarios de Asia Oriental, y se han cultivado en Japón durante más de mil años.
El barro o lodo es una mezcla semilíquida de agua y tierra compuesta por sedimentos, partículas de polvo y arcilla. Los depósitos de barro se endurecen con el paso del tiempo hasta convertirse en roca sedimentaria llamada lutita. Así se describe la composición del barro, ese elemento que sirve para construir, para crear y para dar materia y vida.
Esther Rubio nació en Luarca, de madre rosarina, y padre asturiano, vivió de niña en Villadiego. Orgullosa de sus raices y de su condición de emigrantes, toda su familia vive en la Argentina.