El poder alquilado
José tenía el pelo blanco, cojeaba un poco y el peso de sus años se reflejaba en sus hombros, ya algo caídos y de aspecto cargados.
José tenía el pelo blanco, cojeaba un poco y el peso de sus años se reflejaba en sus hombros, ya algo caídos y de aspecto cargados.
Dentro de mis ojos existe un gran mar cuyas profundidades albergan muchos sentimientos que no os puedo explicar y son sus profundidades las que permanecen algunas veces repletas de una inmensa y admirable belleza y otras, son las corrientes extremas que enturbian su calidez y endiabladas me quieren apresar.
Pasaba el tren al tiempo que soplaba el viento y movía las ramas del árbol.
Pasaba el tren dejando atrás al árbol y las hojas caídas arrancadas de sus tallos.
Con semblante triste y mirada profunda, te estremecía al mirarte con sus grandes ojos negros, casi sin vida.
Piedras, arena; arena y barro, secas hierbas, espacios desolados.
Hay voces que no callan, voces que se perpetúan en el tiempo y claman.
Sobre el viejo lecho de seca paja se encontraba bella, hundida y reposada la Inspiración dormida.
En el comienzo de la vida, que sólo había espacio, nada orgánico, nada palpable, nada en lo que se pudiera pensar ni imaginar. Luego, después de ese vacío, se dibujo la primera de las realidades, aquello en lo que creíamos porque lo palpábamos, vivíamos, veíamos y sentíamos: La Tierra.
Se quedo allí plácidamente sentada, reflexionando sobre todo lo que le rodeaba; en su dedo, un dedal, en su mente, una historia escrita a fuego.
Las mujeres las grandes olvidadas de la historia, las que hemos estado durante siglos relegadas a un segundo ó tercer plano dentro de la sociedad, a las que nos han vetado desarrollar nuestros intereses y capacidades durante siglos, vemos por fin, como la sombra de esa mano amenazante se va abriendo hacia una mayor claridad.