Ucrania: la solución es siempre la democracia, no la fuerza bruta
Había -guste o no reconocerlo a los neoliberales del G7, G8, G20- un presidente elegido democráticamente.
Había -guste o no reconocerlo a los neoliberales del G7, G8, G20- un presidente elegido democráticamente.
Por el interés general, la democracia debería, para ser auténtica, disponer de los mecanismos que no permitieran que la “mayoría parlamentaria absoluta” (la palabra “absoluta” es incompatible con “democracia”) aprobara leyes que cuentan con el rechazo unánime de la oposición y que, por tanto, durarán lo que dure el partido en el gobierno, aumentando la objeción de conciencia y la desobediencia ciudadana.
Muy necios. Cuando todo clamaba paz –desmoronamiento de la Unión Soviética sin una sola gota de sangre; terminación del apartheid racial en Suráfrica; fin de los enfrentamientos fratricidas en Mozambique y El Salvador; reinicio del proceso de paz en Guatemala…- el Presidente Reagan y la Primer Ministro Thatcher abanderaron, por ambiciones hegemónicas, el neoliberalismo “globalizador”, y cambiaron los “principios democráticos”, tan bien establecidos en la Constitución de la UNESCO, por las leyes del mercado, y el multilateralismo de las Naciones Unidas por grupos oligárquicos. En suma, cambiaron la democracia por la plutocracia y los valores éticos por los bursátiles.
Es patente el caos en que han desembocado la codicia y las ambiciones hegemónicas de unos cuantos países y la total irresponsabilidad intergeneracional con que han intentado gobernar el mundo.
1) ¡Fuera los paraísos fiscales!
2) ¡Referencia mundial de derechos humanos y democracia!
3) ¡Ayuda al desarrollo y a la libre circulación de personas!
No podemos seguir viviendo ni un día más con la “espada de Damocles” de una explosión nuclear.
Europa, que tanto se ha beneficiado y se beneficia de América Latina, sigue sin querer reconocer, aferrada al ocaso de un sistema que ha sustituido los principios democráticos por las leyes mercantiles, y el multilateralismo democrático por grupos oligárquicos, las lecciones que en múltiples aspectos están dando hoy los países del continente suramericano, por fin emancipados.
Si la “competitividad” se logra sólo trabajando progresivamente en condiciones de mayor precariedad, rebajando los salarios y la capacidad de consumo interno… pronto se desvanecerán los datos aparentemente, fugazmente, positivos.
Asentir o disentir, expresándose libremente, sin cortapisas.
Contra viento y marea, mantendremos nuestra actitud. En momentos aciagos y apacibles mantendremos nuestra actitud, sabiendo que ahora, por primera vez en la historia, los seres humanos podemos dejar de ser invisibles, anónimos, silenciosos, obedientes, sumisos.