Miguel Esteban Torreblanca- ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

Esmeralda Amieva del Río- Soy una mujer apasionada de la vida, trabajo de lunes a sábado en el sector de la alimentación, mi hija es una personita maravillosa que me saca siempre una sonrisa y me gustan los domingos de sol y risas, con horizontes de amor compartido y charlas amenas, brindando la Vida. Me gusta todo tipo de arte, desde la música hasta la pintura, pasando por la gastronomía familiar y lo que más, disfrutar de ello. El tiempo es relativo y escribir me hace ser consciente de ello, de una forma más pletórica y dinámica.

Mi actividad literaria comenzó hace más de treinta años, y en esa cronología he pincelado, de una manera u otra, un cuaderno de bitácora propio y ajeno; como un abanico de grises a modo de Campoamor. En ese transcurso he obtenido algún tipo de reconocimiento; a través de colaboraciones, concursos, trabajos y estudios. Estoy orgullosa del bagaje literario que tengo, algo que me permite seguir en estos mares de aguas conmovidas por las palabras y los sentidos. Me centro principalmente en la poesía porque es el terreno en el que más cómoda me encuentro, tocando también algún otro género en el que he tenido la oportunidad de imbuirme y experimentar.

P- ¿ Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?

R- Mis primeras lecturas poéticas fueron las que me enseñó mi madre al inculcarme la lectura (eso de por sí ya es poesía) ; de las primeras que recuerdo, las de Gloria Fuertes; en edad escolar, clásicos como Lope de Vega, Quevedo, Alberti, Blas de Otero, Hernández, Lorca, Rosalía de Castro, Góngora,  etc.

Los autores que más me influyeron fueron Ovidio, Luis Cernuda, García Lorca y Bécquer. Entre otros muchos. Los he utilizado como arquetipos no por su forma de escribir, sino por su trasfondo, tan extrapolable a día de hoy como en aquel entonces.

P- ¿Cómo definiría su poesía?

R- Como el «ying-yang» de la filosofía china; mutable, subjetiva, cual mariposa que despliega sus alas para crear corrientes libres, bellas, plenas de esperanza y con el brillo de la introspección. Todo aquello que construya una espiral de luz a cada uno de nosotros.

P- ¿Cree que el poeta «evoluciona» en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

R- Es lógico que el poeta y/o cualquier escritor,  «evolucione» en su escritura. En el caso del poeta, si no evolucionase, no podría considerar la poesía como algo subjetivo, relativo o  comprometido de alguna manera con el entorno.

Mi lenguaje poético crece y se muestra como mi mejor cauce para expresar todo aquello que quiero, imagino, reivindico o me pregunto. Y en poesía, podemos nutrirnos de numerosos recursos para describir en cualquier poema un asunto pendiente, una crítica, una reflexión, un agradecimiento…Cualquier cosa posible mediante el modelaje del ánfora de rosicler y azahar. El tender la mano mediante el verso es la mejor medicina que podemos dar al ser humano.

P- ¿ Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

R- Si he de poner fin a un poema, lo escribo en cascada, como surja, lo releo y lo dejo reposar hasta que se marine en un caldo de ceviche versado. Si, posteriormente, veo que ese maridaje me deja un pequeño resquicio para continuar, lo amplio. Si no, lo dejo como está. Se va conformando poco a poco según lo va pidiendo el poema, a fuego lento. Y como trabajo final lo corrijo a libre albedrío. No suelo someterlo a corsés métricos. O por lo menos, a priori, no me los planteo.

P- ¿Cuál es el fin que le gustaría encontrar con su poética?

R- Ninguna en particular, puesto que es una ciencia inexacta y neperiana. Le doy alas a las palabras para que el lector vuele acompañado de ellas, le envuelvan como la leña en el hogar, respire la pureza de sus recuerdos más intensos y que una vez las lea, se reconforte y se impregne de una sonrisa placentera.

P- ¿Qué lugar ocupa para usted las lecturas en vivo?

R- Un punto de encuentro emocional para lectores y escritores, un revulsivo intrínseco y multidimensional. Es la juglarería que acompaña y sintoniza a los lectores y oyentes en el imaginario de cada uno. Para mí es el magacén de los sueños y el altavoz de nuestras realidades.

P- ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc.?

R- Las nuevas formas de difusión de la palabra están muy globalizadas y también polarizadas, con lo que muchas veces quedan diluidas y dormidas. Deberían estar , por un lado, mejor categorizadas; que fueran fuentes de integración social donde todo sume en pos de la libertad y no el liberticidio. Comprender que, teniendo un amplio espectro al respecto, muchas veces equivocamos cuán importante es la palabra y lo que conlleva difundirla; últimamente no se hace más que tergiversarla para polarizar, etiquetar, amordazar, etc.; algo que me resulta muy triste.

P- ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor que le haya gustado mucho?

R- Uno de los que más me ha gustado quizá por el impacto que me produjo es el de «Cálculo», de Esther Rubio; me parece un poema vivo, de galerna, con un pretérito férreo y una ondulación libre y genuina.

P- ¿Qué libro está leyendo actualmente?

R- Una novela histórico-romántica  de un autor cartagenero .

P- ¿Qué consejos le daría a un joven escritor que se inicia en este camino de la poesía?

R- Que estudie el contexto donde va a iniciar este camino para que le sea propicio: que técnicamente conozca todas las herramientas a su alcance. Si le apasiona, que no lo deje, que se  inscriba en alguna asociación de escritores donde le puedan guiar y asesorar en el mundo editorial.

Además de registrar sus escritos y darse de alta como profesional. Leer y escribir mucho,además de   compartir experiencias con gente en su misma situación, algo que le aportaría una riqueza incomensurable que siempre es de agradecer.

P- ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

R- Como lo que es, una industria más, sin embargo, considero que es demasiado comodona y algo exigente puesto que en ocasiones prevalece más una cuota de mercado determinada en detrimento del espíritu crítico… Aunque hay de todo; habitualmente estamos en un «injerto de naranja sanguina y carrasco triste», donde se monetiza y se fractura demasiado el mercado, y se desvirtúa, dando poco fuelle al talento y la ilusión. Donde las directrices se marcan muchas veces de manera exclusiva y se subyuga al creador, sobre todo al que se inicia en este mundo tan complejo y tan apasionante a la vez.

P- ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

R- Cuál es para mi el poema más bello del mundo de todos los tiempos.

P- ¿Qué es para ti ser miembro académico?

R- Un canal más en el que contribuir a la difusión del idioma español con todas sus atribuciones y riquezas, pues la comunicación es fraternidad y entendimiento, cultura compartida, memoria histórica y pervivencia de nuestro Ser como hispanohablantes. A través de nuestra lengua tenemos muchas posibilidades de enseñar la riqueza del mundo en el que vivimos ahora; nuestras maletas abiertas, vacias y llenas, nuestro paso por la tierra. Esto viene conformado por la lengua que nos une, esta que crece, evoluciona y se adapta en consonancia y armonía, la que nos arropa en cada momento que vivimos. Algo que se sostiene desde todos los ámbitos; y que, por tanto, no deberíamos dejar que se diluyese como un azucarillo en el café. Tomemos a la postre las riendas de potenciar nuestro idioma como un corcel de herraduras aúreas, de crines soñadoras y alforjas de cuero donde se dispensen los alimentos del aprendizaje, aquellos que nos enseñen a que  las palabras manen de una fuente clara y bondadosa, perdurable en el tiempo y el espacio.

Ser académica no solamente es un honor, sino también el compromiso de la palabra, puesto que «al mundo le faltan versos».

Entrevista realizada por Miguel Esteban Torreblanca