En mayo de 2024, como cada mes, la comunidad tuvo su reunión a la cabeza del directorio conformado por dirigentes, hombres y mujeres, elegidos para atender los asuntos de interés común de manera orgánica como es norma en los sindicatos agrarios. En esta reunión se aprobó una medida especial que prohíbe las quemas de San Juan, una costumbre del mes de junio, en pleno invierno, en la que se quemaba como entretenimiento o para calentarse, según cuentan los mayores, aunque algunos indican que aprovechaban la ceniza como abono, también afirman que no era algo indispensable para abonar, pero que la juventud se divertía prendiendo fuego en los cerros sin preocuparse por la gravedad del daño ya que la naturaleza se regeneraba con cierta rapidez entre neblinas espesas y bajantes de deshielo cíclico.
Antes de que el calentamiento global intensifique el derretimiento del Illimani, la regeneración de la vegetación solía ser dinámica pero en los recientes años, tristemente se experimenta una tardanza fuera de lo acostumbrado con el incremento de los periodos de sequía, debido a lo cual los fuegos se expanden con mayor facilidad creando cicatrices negras demasiado grandes en las montañas que dejan sin alimentación a la fauna silvestre, un paisaje desolador, aumento del calor, pérdida de biodiversidad, disminución de las neblinas y alteración del ciclo hídrico. Otra de las consecuencias es que no hay agua suficiente para los cultivos en los meses de siembra que son agosto, septiembre y octubre, por lo que la comunidad ha tenido que establecer un plan de turnos de riego por familias para que les alcance el reducido caudal, además de sellar con cemento el conducto que distribuye agua desde la toma principal que está muy cerca al nevado, para no perder agua por filtraciones que hubiese en la antigua construcción de piedra heredada por los abuelos que brindaba un paisaje precioso de infraestructura construida con materiales naturales.
Este año 2024 la medida de prohibir el entretenimiento con fogatas ha sido cumplida por todos con responsabilidad colectiva, lo que significa que las decisiones analizadas en conjunto son más respetadas y dan ejemplo de un ejercicio de democracia directa donde el sindicato agrario consolida el proceso de gobernabilidad ambiental que no ha sido posible en la escala nacional, donde los grandes incendios de la selva amazónica son el instrumento para ejercer poder empresarial desde el agronegocio, así como desde grupos invasores de territorios con fines de asentamiento urbano donde se ignoran las leyes ambientales que existen pre y post era del madretierrismo político boliviano y los crímenes ambientales quedan impunes.

Cayimbaya
Es alentador tener como ejemplo a comunidades como Cayimbaya en la protección de sus ecosistemas. Si bien se trata de 200 familias campesinas con casi 700 habitantes donde se diría que es más fácil ejercer un control preciso de las conductas, las normas locales tienen que ver con el perfil humano, la sensibilidad, el liderazgo y la perspectiva generacional que escribe la historia de las sociedades de acuerdo a su calidad cultural, que requiere ser cultivada como valor público para que provoque acciones similares a mayor escala y que se convierta en una de las formas de combatir el gran biocidio amazónico sudamericano.
Desde luego tenemos clarísimo que la pérdida de hielo en la grandiosidad del Illimani es resultado de la contaminación a nivel planetario que también se ve en toda la cordillera occidental, así como en el mismísimo Everest y que una pequeña comunidad no va cambiar el retroceso glaciar de la noche a la mañana. Pero asumir acciones locales contundentes refleja un cambio y se convierte en una alerta hacia el retroceso en la mentalidad modernista suicida.
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