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Entre al citè de calle OIivos (Recoleta) y Payo Grondona, ebrio, me sonriò desde un camarote desde una de las piezas de techo bajo y oloroso. Jorge tenía unos tecitos que humeaban y un libro abierto sobre la mesa: Josè Miguel Ibañez Langlois: “La creación poètica”.

Esa noche sentimos un helicóptero rondar. El pròximo año, en esta misma fecha, ocurriría la Primera Protesta Nacional –11 de mayo de 1983. Jorge escribìa una poesía que no servìa para las barricadas. Ignacio Valente/J. M.  Ibañez Langlois era cura Opus Dei.

Pia Barros no existía. Perdòn, en esa casa. En el Colectivo de Escritores Jòvenes, Almte. Simpson 7, “Casa del Escritor” (esa casa hoy de verdad “viejísima” y tan friolenta, tan decadente. Tan diversa del “Estudio de danza” de Valero, justo al frente), “la Pìa” también rondaba. Èramos sorprendentemente “jóvenes”. Lo somos –Jorjillo ni tanto con el corazón averiado.

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Nunca, en 35 años (me iniciè ya “maduro”), he durado màs de 2  sesiones en un “taller literario”. En el último tuve el inconveniente de toparme con Augusto Gòngora –con la memoria aun wena pero pésimo para escribir siquiera una página de un solo cuento.

Jorjazo fue mi único “maestro” poiètico[1].

–“Lee ese capìtulo”. No me dijo màs, señalando la página abierta de Ibañez Langlois.

A Jorge ya le dieron un Premio Literario en Chacabuco –ruinas de una salitrera a 100 kilòmetros al noreste de Antogagasta y “campo de prisioneros” de un montòn de “upelientos”. Montealegre era el “màs cabro chico” de Chacabuco, y un caso casi arquetípico de esa hegemonía cultural: militante de la Izquierda Cristiana, o sea, católico-ateo-marxista-“de la liberación”, etcétera…, a los 18 años lo hicieron “prisionero político”, hizo el tour del Estadio Nacional y le asignaron el sol de Atacama para que comenzara su “aggiornamento” de disoluciòn de las izquierdas en las finales del segundo milenio de esta época “después-de-Cristo”.

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Pues, Jorge fue testigo presencial del derrumbe de los eurocomunismos en su bello exilio en Parìs.  El “volverse rosa” de los rojos de 1970. Jorjazo fue allì padre de Natalia –un par de años antes que yo lo fuera, en la maternidad Cochin-Port Royal del 14e Arrondissement, de mi morena Justine. Como se ve, Jorgillo preferìa los apelativos “latino-revolucionarios”, mientras yo los “literario-extremistas” (<Justine ou les Malheurs de la vertu>, los infortunios de la virtud), del marquès el único europeo que ha sabido escribir razòn y sexo, o fundamentos racionales para la verdad de la violencia amatoria. Quien ha continuado unos pasos este notable juego de palabras fue Georges Bataille…

Mientras Montealegre escribìa poemas cortitos, económico-lacònicos, hiperracionales en la banlieu de Colombes, yo ni soñaba con la poesía –pero tenía pesadillas de mañanas completas en una pequeña biblioteca de la rive gauche, intentando discernir què me querìa decir Antonio Gramsci desde su cárcel en Italia –anunciando ya entonces la “gran derrota” del progresismo occidental.

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Pià Barros se le unió después que yo le dejè de tener como amigo. Esa amistad durò no màs de dos años (breve como todos mis “talleres literarios”), y terminò con una carta mìa (que èl debe conservar como buen archivista), en que denunciaba cierta “cortedad de visión” suya para comprender a quien èl mismo había definido como un “francotirador” en la mesa de reuniones de ese colectivo de jóvenes escritores –dominado por una JOTA-bajo-la-dictadura.

Parece que Pìa es buena escritora. En cualquier caso ella sabe “escribir p’al lado” y su marido “p’abajo”[2] –una definición heterodoxa de las diferencias entre narradores y poetas mejor que miles de páginas de sesudos tratados de teoría literaria y título de innumerables “tesis de doctorado” del siglo XXI.

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Otra gracia de Jorjazo, creo yo, es su afición por la diversidad de lenguajes, evitando a los academicistas y monopolistas literarios: desde ya su amistad con Payo (“Me dio mal la dirección”) –que se nos murió sin pedir ningùn permiso. Luego sus chistes…, sus intentos. O su mejor amistad con los dibujantes de “tiras còmicas” –antes que pasaran a llamarse “comics”.

–“Si yo desde hace años solamente me junto con humoristas”, me contò alguna vez de esos 35 años en que no supe nada de èl. En un pasillo de la U. de Santiago –qu’ èl ama aun (eternamente romántico y melancólico) como “Universidad Tècnica del Estado”… Al menos nunca, creo, me ha repetido ese lugar común: “Ahì hicieron prisionero a Vìctor Jara el 11 de septiembre por la tarde”.

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Mientras Jorge escribìa –bajo Pinochet y auspiciado por la familia Guggenheim-, yo lo hacìa olvidando incluso el nombre “mìo” en el Registro Civil, habitando otra citè (Santiago-barrio Matta sur), y visitando las putas de

Estaciòn Central (después de escuchar a Simon & Garfunkel en “Sounds of silence”- “get some conforts there”).

¿A cual “generación literaria” pertenece Montealegre, le pregunto a Rodrigo Verdugo? Inmediatamente suelta: de los 70. Una manera, esta de “las generaciones”, de sumergir la propia mediocridad en el romanticismo del “ser social” de Marx, me susurrò una vez el Oscuro Mongol –desaparecido en 1987, no por la CNI sino por la danza-teatro.

Hoy me ha ocurrido “Estudio del sol” y a Jorgito el corazón averiado. Montealegre tiene “màs de un millón de amigos” –ante la envidia del gran Roberto Carlos; vean la lista de “felicidades” de su facebook-, y yo ni “polola”/petite amie tengo.

Jorge es “doctor” mientras yo ni “magister”… Para citar esta convenciòn del siglo XXI para medir si eres inteligente. I.e.: si las Universidades “te dan bola” o no te la dan.

Desde Valparaìso, ex “puerto principal” de Chile, pues el tiempo y la muerte nos llegan a tod@s –este mes de mayo–, desde el Paseo Yugoeslavo (ese fantasma de país que recorre aun Europa), bailando un “Èxtasis de sol de otoño de 2024”, le mando mis saludos para que no se muera tan pronto –y podamos incluso ir a tomarnos un café un mediodía en esa “estación de intelectuales sin horario de oficina” que es el restoràn Tavelli del drugstore, Providencia…

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Y a unos versos de Jorge:

“Cada uno de nosotros construyò con memoria de adobe su pasado;

ahora

nos queda la paja despuès del terremoto”

<Tìtulo de dominio>

(ironía del poeta que se supone no posee propiedad ni “bien raíz” alguno; tampoco Jorge poseìa felicidad de triunfo alguno ese 1985…

Los confronto con lo que ese mismo año sucedìa en mi <La rata almizclera>:

El choro Maquieira me hablaba de la Tirana

mientras yo sufrìa la infidelidad de mi tirana Cecilia…”,

refiriendo esa fiestas sincrèticas del desierto de Atacama (la “chinita del Tamarugal”/“Vìrgen del Càrmen”, que duran casi un mes)…

[1]

El de Jorgito fue un poeta lacónico, Armando Uribe. Buen “progresista del siglo XX”: aristócrata de alcurnia y democrático-popular de opción en las ideas. O sea, diplomático y luego otro exilio entre sus exilios. Apenas se habla de èl hoy (apenas se hablarà de tod@s nosotr@s en este “(nunca salì del) horroroso Chile” –que describìa E. Lihn desde Cuba con un mojito helado.  Nada de raro: ni Uribe ni yo figuramos en el internet màs visitado por la “Universidad de San Google”. Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Categor%C3%ADa:Poetas_de_Chile_del_siglo_XX.

[2] «Pía Barros y Jorge Montealegre: 35 años escribiendo pa bajo y pal lado sin invadirse ni competir». El Desconcierto / Periodismo digital independiente. Consultado el 30 de enero de 2024.