(i)  Se trata de un texto no-intencionado. No existió, ni fue necesario, un “proyecto-de-libro”, un “proyecto-de-escritura”, escrito o sólo pensado –y tampoco salió del ordenar un conjunto de escritos sueltos. Surgió página a página, lentamente, pero día tras día, resultado de lo que, se me ocurre, debería llamarse primero: “intuición”.

Acerca de ella el diccionario RAE dice:

“Del latìn mediev. intuitio, -onis. Facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento. Los sinónimos son estupendos: presentimiento, corazonada, pálpito, instinto, perspicacia, clarividencia, ojo, visión, olfato, sagacidad, vislumbre, tinca”.

Talvez cierta filosofía presente en “Estudio del sol”, toma el “trasfondo” de todas esas palabras –su “significado-profundo”–, y las refiere, digamos ritualmente, a algunas páginas de Baltazar Graciàn –un individuo de Zaragoza (antes de España), y sacerdote jesuita que debía publicar usando el nombre de su hermano. Como casi tod@s, llegó a una tumba y su turno fue: 1658.

En cualquier caso, la “anécdota” del inicio de esta escritura, quedó registrada en el texto mismo como el número (2) de la Sección I: El objeto real del sol. De pronto, esos párrafos habría que considerarlos “literales”: pasó tal cual.

 

(ii)  Creo que en este texto hay que prestar atención a pequeñas “cosas-como-al-pasar”. La cita de Picasso que dice un <encontrar y no buscar>, primera página del libro, dice que por aquí no ha habido, especialmente, esfuerzo-trabajo-sudor-sufrimientos del escritor. El talante, extendido por cada una de sus frases y versos, se diría de los éxtasis. Nada de este: «El arte/la obra de arte/el genio es 1% de inspiración y 99% de transpiración«, atribuida a varios (Einstein, Edison, Brecht, Picasso)…

Si quisiéramos pensar “qué-lo-domina”, responderíamos: “nada”.  Especialmente por el lado de las hegemonías modernas de la “búsqueda”. Por ejemplo, la necesidad/condición de algo que (en alguna parte y en todas) “falta”, “no-está”, “se-perdió”, “se-necesita”,…  Es decir, ésta, como todas las citas de “famosos” que pululan este “sol”, no están para exhibir erudición, sino porque estas personas lo han dicho “imposible-decirlo-mejor”.

Y se deja tomar de-sol…

 

(iii)  Un amigo, académico de literatura de la Universidad Católica de Chile en Santiago, me lo dijo. Que aceptara la palabra “epifanía”. El sol y tú juntos no tienen ni causas ni explicaciones varias. Fue epifanía.

El diccionario RAE agrega: Del lat. tardío epiphanīa, y este del gr. πιφάνεια epipháneia. Manifestación, aparición o revelación.

Luego, toda la filosofía que “Estudio del sol” trae —y sus conspicuos nombres—, están allí como indicaciones para (ojalá) sus abundantes páginas de poesía sean leídas con preferencia o atención a esos criterios, categorías o filosofemas. Cierto decidido alejamiento del “subjetivismo & relativismo” hegemónicos de la época post-post, se manifiesta de esta manera, entre otras.

Rosabetty Muñoz, poetisa ancuditana (isla grande de Chiloé) —premiada nacionalmente el mismo día de la presentación de este libro en su Ancud-de-toda-la-vida (26 de junio de 2024)—, se mostró algo perturbada por este apoyo en la filosofía para presentar la poesía en este siglo XXI, en Chile y en esa isla perdiéndose en dirección al polo Austral.

Esa tarde ella defendió el derecho de la poesía a las ambigüedades y las libertades interpretativas. Sin duda, respondí yo. Solamente que hay algo más-y-mejor que las subjetividades de cada cual en este mundo humano. Quedarse en las libertades modernas de la “interpretación subjetiva”, me parece poca sabiduría de lo que dicen las palabras: “cultura”, “socialización”, “aprendizaje de los lenguajes”. La subjetividad ha comenzado “afuera”, en el mundo; está socialmente construida.

“Interpretar como yo quiera o sienta”, además, envuelve dos problemas: Que la mayoría de los sujetos postmodernos no saben “qué quieren”, y tienden a “sentir” confusamente pasajeras sensaciones. Luego fundar la libertad interpretativa en estas flagrantes limitaciones parece una mera estupidez…

En este libro, el “afuera-y-mundo”, y, habremos de decir: “la-jerarquía” (ambos ‘superando’ lo subjetivo-individual), quedan señalados, nada menos, en la palabra “sol” –que aparece y se repite, varias veces, en cada página del libro[1].

El momento quizá culminante de esta tentativa ocurre en la página 127, durante el poema “Dame sombras también”  –una ocasión prístina de la tesis de este texto. Desde la página del frente, la 126, este poema se dice orientado (y “explicado”) desde una prosa (sin título), resultado de pensar/recibir unas citas del “Canto a mí mismo” de Walt Whitman —por supuesto, poema leído con intenciones filosófico/meditativas (es decir, extáticas). “Usted, lector, debiera leerme de esta manera si quiere leer de verdad estas páginas. Por favor, ahora mismo NO se deje llevar por las ilusorias ‘libertades” interpretativas actualmente convencionales”…

Como ni una sola reseña y/o critica ha sido expresada d’este libro –julio de 2023-febrero de 2026 (¿vendrán?)–, me las hago yo-mismo. Ya se comprenderá este nuevo exceso-de-bien.

[1] “Se trata solamente de sol, desde la fotografía de Portada, hasta su última página. Lo cual señala el desafío siguiente: un texto mono-temático que, en cada página es diferente y diverso”. Un poco como, en esos antiguos Iliada/Odisea, toda página dice o alude a Ulises…