Es doctor por la Universidad de Oviedo, donde trabaja como profesor de Psicología Social. Combina su docencia universitaria con otras actividades relacionadas con el mundo cultural como: guionista de cine y televisión y escritor en prosa y en verso.

Está considerado como uno de los escritores más prestigiosos de Asturias y su labor literaria es reconocida en todo el ámbito nacional. De Julio Rodríguez se dice que no hay obra literaria que haya escrito que no fuese reconocida con un importante premio literario. Dentro de su trabajo como escritor caben destacar las siguientes obras: Naranjas cada vez que te levantas (Premio de Poesía Emilio Alarcos, 2008), Doméstica (Premio de Poesía Ciudad de Mérida, 2011), Tierra batida (Premio de Poesía Hermanos Argensola, 2014) y Una extraña ciencia (Premio Internacional de Poesía Antonio Machado en Baeza, 2019). En cuanto a su obra narrativa cabe destacar, El mayor poeta del mundo (Premio Vargas Llosa de Novela, 2006), El vuelo de la monarca (2011), Una mala racha (2016) y su última obra publicada recientemente, El gran Pirelli (2019).

Me gustaría comenzar esta entrevista con Julio Rodríguez preguntándole cómo ve el panorama cultural en Asturias actualmente.

En Asturias hay un gran movimiento cultural, propiciado no tanto por los organismos oficiales como por la propia gente, que pone en marcha incansablemente iniciativas que dinamizan la región. En creación literaria, musical, audiovisual, artística… hay mucho talento, y eso tiene que salir por algún lado.

¿En qué momento comenzó a escribir? ¿Lo hizo primero en verso que en prosa o viceversa?

Como no podía ser de otra manera, empecé escribiendo poesía de crío para intentar entender todos los sentimientos que comenzaban a removerse en mi interior como una caja de cerillas. O sea, que escribía para entender porque ardía o estaba a punto de arder, o algo así. Y en esas sigo.

¿Cuáles fueron son maestros, es decir, aquellos escritores que le dejaron una profunda huella en los momentos iniciales de su creación literaria?

 Hay demasiadas referencias para elegir sólo a algunos. La mayor parte de los autores y autoras que me dejaron huella cuando comenzaba a escribir siguen estando ahí. Eso sí, ahora tienen mucha más compañía.

Según su parecer, ¿Cuáles han sido los mejores escritores de todos los tiempos en el ámbito nacional? ¿Y en el contexto internacional?

Tampoco me gustaría señalar a unos pocos. Para eso están los cánones. Yo me quedo con alguno que aparece en todas las listas (aunque no con todos, claro) y con otros a los que seguramente en la actualidad apenas nadie lea.

¿Nos podría decir su poemario preferido? ¿Y su novela?

Está claro que no tengo buenas respuestas para este tipo de preguntas. No podría elegir un solo poemario ni una sola novela. Sería como serle infiel a todas las demás. Así que digamos que mis libros favoritos son los que yo he escrito, y así todos contentos. 

Hay un poema que especialmente me encanta que se titula “Hospital” del poemario Tierra batida y que si no le importa lo voy a reproducir para los lectores de Otro mundo es posible: 

Me miraba en silencio, recostado
en la cama extraña donde yacía,
sin moverse apenas,
sobre el duro colchón de aquella vida
que le había tocado en suerte.
Me miraba sin rabia ni ternura,
con lentitud (¿qué prisa
ha de tener quien sabe que la muerte
le ha echado el guante y no se piensa ir sola?).
Su cuerpo era un saco de cemento
que los años habían dejado caer
sobre aquella cama de hospital.
Tendría unos ochenta años,
con cierto parecido a Anthony Quinn
en sus últimas películas,
un campesino rudo de los Abruzos,
tal vez un albañil, un hombre de esos
capaces de construir
su casa con sus propias manos.
Me miraba esperando que le dijera algo,
cualquier cosa; no en vano,
ningún extraño se acerca
a un moribundo sin una buena razón.
Pero no dije nada: no sabía su idioma
ni sabía entonces que el dolor
habla la misma lengua en todas partes.
Sólo supe quedarme allí plantado,
aguantándole la mirada, mientras
en la cama de al lado la enfermera
extendía una sábana
sobre el cuerpo muerto de mi padre.

¿Qué nos quiere expresar a través de estos preciosos versos? ¿A quién están dirigidos?

Creo que el poema es bastante transparente. La idea era escribir sobre la muerte de mi padre, pero sin hablar de ello directamente hasta el último verso. Al final, se trata de lo mismo: cada hombre, cada mujer frente a su propia muerte. Fue una situación que viví en Pescara. Vi morir a mi padre. Y no pude escribirlo más que de esta manera.

¿De dónde saca el tiempo para combinar la docencia universitaria, la investigación, el trabajo literario y la atención a la familia?

No tengo ni idea. Prefiero no pensarlo, porque puede haber algo inexplicable ahí. Un caso para Cuarto milenio…, o así.

¿En qué momento del día se dedica a escribir? ¿Es constante en su quehacer literario o bien pasa temporadas sin escribir nada?

Escribo cuando puedo. Al tener niños pequeños, el momento más propicio suele ser la noche. Pero no tanto por elección como por necesidad. Cuando estoy con una novela suelo trabajar en ella cada día, aunque no siempre escribiendo (corrigiendo, leyendo, documentándome). La poesía, por su parte, viene cuando quiere y se queda sólo un tiempo. Así que hay que aprovechar su llegada y dejar todo lo demás para lanzarse a sus brazos.

¿Cuál es su deporte favorito? ¿Por qué?

Perseguir a mis hijos. ¿Por qué? ¡Para que no se me escapen!

¿Se siente cómodo viviendo en Gijón o preferiría más vivir en Oviedo que es donde trabaja?

Trabajo en Oviedo y en Gijón. Hace unos diez años decidimos mudarnos a Gijón y la verdad es que fue una gran decisión. La ciudad, la gente, el verano, la luz, el mar. Para uno del Oviedo de toda la vida, sólo falla el Sporting. Pero no se puede tener todo, claro.

¿Viaja habitualmente a Madrid? ¿Cómo ve, hoy en día, el nivel cultural en España?

En Madrid viven mis dos hermanas y tengo unos cuantos amigos allí. El panorama cultural de grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, es una maravilla. Y mis amigos y mis hermanas también lo son. Así que seguiré yendo a menudo a pesar de que las infraestructuras no nos lo pongan nada fácil.

Usted también es un importante guionista de cortometrajes y guiones para televisión ¿Cuál de ellos destacaría?

He trabajado mucho con el fotoperiodista asturiano Álex Zapico, un buen amigo con quien tengo algún que otro proyecto en marcha. Pero bueno, aquí sí que puedo elegir: le tengo especial cariño al documental “Por la puerta grande”, que escribí, junto a su director, Asur Fuente, sobre la vuelta a su pueblo de la infancia de Lázaro Blanco, un hombre que había pasado más de treinta y cinco de sus cincuenta y cinco años en casi una treintena de cárceles de toda España. Lázaro, que se murió hace algo más de dos años, fue un ejemplo de reinserción en una sociedad que se lo pone tan difícil a quienes menos tienen, y fue también un gran amigo.

¿Qué obra literaria tiene en estos momentos entre manos? ¿Cuándo piensa que esté terminada?

Estaba escribiendo una novela negra bastante dura cuando me puse a revisar “El gran Pirelli”, una novela también negra pero contada desde el humor. La diferencia de tono narrativo me hizo dejar la primera. Y ahora que iba a volver a ponerme con ella, desde Pez de Plata (la editorial de “El gran Pirelli”) me insisten para que escriba una segunda parte de las aventuras y desventuras del bueno de Pirelli. Así que en esas estoy: dando largas a unos y otros.

¿Cómo definiría su obra poética? ¿Y su obra narrativa?

Mi poesía podría definirse como una poesía de andar por casa, una poesía en zapatillas: básicamente trata del amor, la vida familiar, las cosas cercanas, esas pequeñas hazañas y miserias cotidianas. Es, en todo caso, una poesía de celebración. A pesar de los estragos del paso del tiempo, a pesar de la muerte, o precisamente por ella, debemos celebrar que estamos vivos. En cuanto a la narrativa, he escrito cosas muy diferentes, aunque si hubiera que encontrar un nexo seguramente sería el humor.

Por último hace unos meses que se publicó El gran Pirelli, novela que podríamos encasillarla como negra. ¿De qué trata fundamentalmente? ¿Qué acogida está teniendo entre los lectores? 

Pues es una novela negra, con todo lo que ello conlleva, contada con mucho humor, con todo lo que ello conlleva también. El humor me ha permitido acercarme sin tapujos a una realidad muy dura, de drogas, cárceles, miseria, marcada por una enorme desigualdad (social, económica, de género). El humor es como el sabor dulce de los medicamentos: nos permite tragarlos sin fruncir demasiado el ceño.