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Y como buenos para el filosofar –y malos para lo erudito y esas “historias de los textos filosòficos”[2]–, citemos de entrada el pàrrafo que principalmente me interesa:
“Como se puede fácilmente apreciar, tal perspectiva no percibe
la cultura como un objeto analítico propio y particular de estudio,
al lado de tantos otros que son del interés de las ciencias sociales,
una suerte de subespecialidad temática, sino que la cultura se ofrece
también como un vasto horizonte de juicio y de interpretación de la
sociabilidad humana en sí misma, enraizada en las específicas
circunstancias históricas y geográficas de su acontecer cotidiano.
Siguiendo esta línea de reflexión puede decirse, entonces, que la
interpretación de la historia humana, la hermenéutica de sus símbolos y
sentidos, antes de ser la tarea propia de una disciplina científica, como la
sociología, es el aporte intelectivo y afectivo que hace la cultura misma
de los pueblos a sus integrantes para sostener y dilatar el horizonte de
la experiencia de convivir y cohabitar de sus gentes. Lo que hace la ciencia
es, propiamente, una observación de segundo orden, una observación de
la observación. Así como el teatro se hace posible por la teatralidad de
la propia vida humana, por su dramaticidad intrínseca, así también las
ciencias sociales pueden constituirse como estudio analítico de la sociedad
porque ella misma las hace posible al haberse ido constituyendo en el
decurso de las generaciones que han tejido su trama”[3].
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Y comencemos casi de cualquier linea. Por ejemplo, por esa de “la ciencia como observaciòn de segundo orden”. Siempre a Morandè le han atraìdo los “òrdenes de sentido/ de significaciòn”[4]. Creàmoslo asì, por el momento. Esta “observaciòn de la observaciòn”[5] dice una actitud fenomenològica: el fenòmeno humano consiste, principalmente, en “sentido e interpretaciones”… Un “cientista-social” interpretarìa las interpretaciones de la vida y existencia humana por doquier.
Entonces, ¿que harìa algo como “la filosofìa”? Pues, talvez, un cierto “tercer grado”. Por ejemplo, al observar el fenòmeno del “hacer ciencia social”.
Estas frases dicen asuntos bastante aceptables (y creìbles). En efecto, el asunto pudiera recièn comenzar al notar las “traiciones de los intèrpretes”[6]. Que un discurso que se dice “de ciencia” –con su “carga” de: racionalidad, objetividad, empirismo–, somete al sentido “del comùn de la vida y existencia humanas en una cultura” a tensiones muchas veces “invisibles” (o, como se usa y gusta decir en el siglo XXI: “invisibilizadas”).
“Tensiones” es una palabra a veces amable para no decir distorciones y violencias interpretativas. Fuerzas que movilizan “poder & dominaciòn” –y la razòn moderna ya sabe bastante de su relaciòn con la y lo polìtico de los pueblos.
Todo esto porque yo me voy al desierto de Atacama en un mes màs, a “sumergirme” en algunas de sus fiestas y festivales mayores: La Tirana en julio y San Lorenzo en Agosto.
De modo que, me digo: “no vas como sociòlogo; tampoco como fenomenòlogo o hermenèuta” –para, en seguida, responderme: “asì no màs, vas a esas fiestas”…
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Morandè habla desde el podium, artefacto de madera construido para “contener el cuerpo de un hablante” –en un ritual tìpico[7] de la palabra en una Universidad, lo que equivale casi a decir: en el Occidente en su quinta escencia…
En cambio, este individuo –y esta condiciòn “individual” ya genera posiblemente algo “fundamental”–, que responde al nombre “Fernando Viveros Collyer”, va a bailar como un personaje Diablo Suelto entre muchos màs. Tras “mi” mascara de Diablo Suelto talvez hace rato que olvidarè eso de “quièn soy”[8].
Pero voy (como sea) a escribir un nuevo tomo de mi IDEA-intuiciòn llamada “Estudio del sol”[9]. Luego, mientras baile transformado o transportado, tambièn estarè escribiendo. Y tanto la ciencia como cierto asunto “fundamental” de la filosofìa dice: racionalidad, lògica, verdad… Desde la episteme de Platòn es posible la physica de Aristòteles –y todos los fìsicos de Occidente hasta hoy.
Este mismo texto està gobernado por cierta “lògica formal” que impone “orden y coherencia de sentidos”. No podrìa yo escribirlo de otra manera –ni ustedes leerlo de otras maneras…
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Morandè tambièn dijo ese dìa:
“…la cultura se ofrece también como un vasto horizonte de juicio
y de interpretación de la sociabilidad humana en sí misma”
Posiciòn para nada humilde. Morandè “sabe” eso de “la cultura”, y de “la sociabilidad humana”. Por acà le pedirìamos algunas precauciones…
Pero, entendemos: el sentido de esta frase “sociològica” trata de ser muy general e interpretativo. Por “cultura” intentamos “no-prejuzgar” a partir de lo que “cultura” dice para nosotros habitantes latinoamericanos del siglo XXI.
Y por “sociabilidad humana” entendemos que buscamos significar “TODA forma y manera” de “encontrarse entre humanos”. Pero, en un caso, no olvidemos, por favor, la palabra “intento”, y, en el otro, la palabra “busqueda”.
Y Gadamer añadirìa, talvez: No “le hagamos el quite” a la palabra “pre-juicios”. Sino amèmosla. O sea, comprendamos con ella y en ella. O sea, practiquemos, con cierta “sinceridad” eso de hermenèutica y comprender el comprender.
En este caso, Morandè repitiendo estas palabras claves y peligrosas (“cultura” y “sociabilidad humana”); yo, advirtiendo que estarè bailando en La Tirana mientras escribo y escribo “en mi mente” (y lo transcribo de mañanitas); y ustedes lectores desentrañando este asunto…
Desde ya, la palabra “cultura” rebota en las enseñanzas de Morandè. En ese meollo llamado, hasta donde creo comprender: la diferencia entre culturas de la palabra (y “religiones del libro”), y culturas de lo cùltico del hablar (en que se habla “no para significar/hacer signos/representar”).
[1] Estudiamos este bello tìtulo y sus contenidos: “La sociologìa de la cultura como hermenèutica de la historia” para el discurso de agradecimiento de Pedro Morandè Court al recibir el grado acadèmico de Doctor Scientiae et Honoris Causa por la P. Universidad Catòlica de Chile.
[2] Consultar entonces mi: “Filosofar y hacer historia de las filosofìas”, texto próximo a aparecer (julio 2024)por Editorial RIL-Santiago / Barcelona.
[3] Discurso citado, p. 3.
[4] Lo escucho asì desde la primera reuniòn que tuvimos un invierno de 1976…, para conversar de Levy-Strauss y el estructuralismo.
[5] En todo caso, pareciera que “las ciencias observan” –ocupadas de la objetividad–, mientras “las filosofìas interpretan” –pero las ciencias sociales quedan ubicadas “medio a medio”. Como escribe Morandè: “interpretación de la historia humana, la hermenéutica de sus símbolos y sentidos”. Aunque, precisamente, entre interpretación y hermenéutica se juega toda una “corriente” de la filosofía contemporànea. Por ejemplo, toda una meditación de “símbolo”.
[6] Refiriendo esa famosa cita: “Tradutore tradittore”.
[7] Uso la voz “tìpica” en el sentido màs sociológico posible. Por ejemplo, desde esas propuestas del llamado “interaccionalismo simbólico”.
[8] Alguna “gente de teatro” lo sabe: la màscara te posee, no al revés…
[9] El primer volumen trae ese mismo nombre. Lo editò RIL Iberoamericana en 2023 (rileditores.com).
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