Recientemente, en uno de nuestros vídeos, una persona dejó un comentario en el que atribuyó dos frases a importantes figuras de la historia puertorriqueña.

La primera decía:

“Como dijo Alejandro Tapia y Rivera: ‘España, me negaste tu tierra y tu bandera, ¿pero la sangre?’”

La segunda afirmaba:

“O como dijo Betances: ‘Volver a España jamás’”.

Ambas expresiones son contundentes. Ambas pueden provocar una reacción emocional inmediata. Y ambas, cuando se utilizan dentro de una discusión sobre el futuro político de Puerto Rico, parecen otorgarle autoridad histórica al argumento de quien las cita.

Sin embargo, existe una pregunta fundamental que no puede ignorarse:

¿Dónde está la fuente?
¿En qué libro aparece la frase atribuida a Alejandro Tapia y Rivera?
¿En qué poema?
¿En qué carta?
¿En qué discurso?
¿En qué periódico?
¿En qué archivo?
¿En qué fecha fue escrita?
¿Y en qué página puede encontrarse?

Las mismas preguntas deben hacerse sobre la expresión atribuida a Ramón Emeterio Betances:

“Volver a España jamás”.

Una cosa es resumir el pensamiento político de una figura histórica. Otra muy distinta es colocar unas palabras específicas entre comillas y asegurar que esa persona las escribió o pronunció.

Lo que encontramos al investigar

Decidimos investigar ambas expresiones.

Buscamos la frase exacta atribuida a Alejandro Tapia y Rivera y distintas variaciones de su redacción. Revisamos resultados en colecciones históricas digitalizadas, catálogos, libros de dominio público, archivos y fuentes relacionadas con Puerto Rico y con la obra del propio Tapia y Rivera.

También realizamos búsquedas sobre la frase atribuida a Betances.

Hasta este momento, no hemos localizado una fuente primaria verificable que demuestre que Alejandro Tapia y Rivera escribió o pronunció exactamente: “España, me negaste tu tierra y tu bandera, ¿pero la sangre?”

Tampoco hemos encontrado una carta, discurso, libro, periódico, documento de archivo o publicación original donde Betances aparezca diciendo exactamente: “Volver a España jamás”.

Esto no significa que podamos afirmar de manera absoluta que las frases nunca existieron.

Una investigación responsable tampoco debe hacer una afirmación tan amplia sin pruebas concluyentes.

Lo que sí podemos decir es que, hasta ahora, no hemos encontrado evidencia documental suficiente para presentarlas responsablemente como citas textuales verificadas.

Esa diferencia es importante. Una idea compatible no equivale a una cita auténtica.

En el caso de Betances, no existe duda sobre su posición política.

Ramón Emeterio Betances fue independentista. Se opuso al dominio español y defendió la independencia de Puerto Rico. Esa posición está ampliamente documentada.

Por tanto, la frase “Volver a España jamás” puede parecer compatible con el sentimiento general de sus ideas.

Pero que una expresión coincida con el pensamiento político de una persona no demuestra que esa persona realmente la haya pronunciado o escrito.

Un resumen no es una cita.
Una interpretación no es una cita.
Una frase popular repetida durante años tampoco se convierte automáticamente en una cita auténtica.

Para presentarla entre comillas, hace falta la fuente original.

Lo mismo ocurre con Alejandro Tapia y Rivera.

No basta con escribir: “Como dijo Tapia y Rivera”.

Hay que demostrar dónde lo dijo.

Hasta ahora, no encontramos el libro.
No encontramos el poema.
No encontramos la carta.
No encontramos el discurso.
No encontramos la fecha.
No encontramos la página.

Por eso, lo históricamente responsable sería afirmar: “Esta es una frase atribuida a Alejandro Tapia y Rivera”.

No: “Esto fue lo que dijo Alejandro Tapia y Rivera”.

Entre esas dos afirmaciones existe una diferencia enorme.

La responsabilidad de demostrar una cita

Por esa razón, hacemos una invitación pública a la persona que compartió las expresiones, así como a cualquier historiador, investigador o miembro del público que tenga acceso a las fuentes originales.

Si posee el documento, compártalo.
Indique el título de la obra.
El nombre de la carta.
La fecha del discurso.
El periódico donde apareció.
El archivo donde se conserva.
La edición.
La página.

No tenemos ningún inconveniente en corregir públicamente nuestra conclusión si se presenta evidencia documental auténtica.

Pero la responsabilidad de demostrar una cita corresponde a quien la presenta como verdadera.

No le corresponde al público aceptar automáticamente cualquier frase simplemente porque aparece entre comillas y lleva el nombre de una figura histórica.

Las redes sociales y la fabricación de autoridad

Este caso también debe servirnos de advertencia.

En las redes sociales circulan miles de frases atribuidas a escritores, científicos, líderes políticos, filósofos y figuras históricas.

Muchas suenan profundas. Algunas parecen encajar perfectamente con lo que esas personas pudieron haber pensado. Pero eso no las convierte en auténticas.

Una frase puede coincidir con nuestras emociones. Puede confirmar nuestras creencias políticas. Puede repetirse cientos o miles de veces. Puede aparecer acompañada por una fotografía antigua, una bandera, una imagen solemne o una tipografía diseñada para transmitir autoridad.

Nada de eso demuestra su origen.

Antes de compartirla, deberíamos preguntarnos:

¿De dónde salió?
¿Quién la documentó?
¿Existe una fuente primaria?
¿O alguien simplemente escribió una frase y luego colocó debajo el nombre de una figura reconocida?

La repetición no convierte una afirmación en evidencia. Tampoco la emoción sustituye la documentación.

La historia no debe utilizarse como un arma política.

El problema se vuelve todavía más serio cuando una cita no verificada se utiliza para sostener un argumento político.

Una frase atribuida a una figura histórica puede crear la impresión de que esa persona dejó una instrucción permanente para todas las generaciones futuras.

Puede utilizarse para cerrar una conversación.

Puede presentarse como si resolviera por sí sola un debate contemporáneo.

Pero ninguna figura del siglo XIX puede votar por los puertorriqueños del siglo XXI.

Podemos estudiar a Tapia y Rivera, podemos estudiar a Betances. Podemos reconocer sus ideas, sus luchas, sus contradicciones y las circunstancias en las que vivieron.

Lo que no debemos hacer es convertir frases no verificadas en mandatos históricos irrevocables.

Una figura histórica puede ayudarnos a comprender el pasado, no puede sustituir el derecho del pueblo actual a analizar su realidad y decidir su futuro.

Respetar la historia exige rigor

Investigar una cita no es faltarle el respeto a Alejandro Tapia y Rivera.

Tampoco es faltarle el respeto a Ramón Emeterio Betances.

Todo lo contrario.

Respetar a nuestras figuras históricas significa no atribuirles palabras que no podemos demostrar que pronunciaron.

Significa estudiar sus obras completas.

Significa examinar su contexto.

Significa distinguir entre una cita auténtica, una paráfrasis, una interpretación y una expresión popular atribuida con el paso del tiempo.

La historia merece rigor.

El público merece honestidad.

Y quienes utilizan citas históricas para sostener argumentos políticos deben estar preparados para presentar la evidencia.

La pregunta sigue siendo sencilla:

¿Dónde está la fuente? Si existe, queremos verla.

Hasta que aparezca, estas expresiones no deben presentarse como citas textuales confirmadas.

Deben identificarse por lo que actualmente son: frases atribuidas, pero no verificadas.