En el capítulo anterior nos habíamos quedado con el nacimiento de la Corona Aragonesa al aunar en su persona Alfonso II, el reino de Aragón por parte de su madre Petronila I y el condado de Barcelona por parte de su padre Ramón Berenguer IV, también nace en este momento el “Señal Real de Aragón”, cuatro barras de gules (rojo) sobre fondo oro (amarillo).
Uno de los acontecimientos históricos más lamentables que podemos contar de la historia contemporánea española, fueron las disputas palaciegas entre el rey Carlos IV y su sucesor al trono, su hijo Fernando.
Las civilizaciones mesopotámica y egipcia son las primeras que inician una nueva etapa histórica para los profesores clásicos que desde el siglo XIX e incluso antes, señalan estas civilizaciones como las iniciadoras de un desarrollo imparable de la humanidad. Para ello se basaban, fundamentalmente, en el origen de la escritura (f.. IV milenio a. C) cuando, por primera vez, las ideas e impresiones de determinadas personas las reflejan por escrito en la Baja Mesopotamia (Sumer). Según estas teorías, la aparición de la escritura, por tanto, sería el inicio de la Historia dejando atrás la prehistoria pero, ¿realmente es así?
La mayoría de las agencias de cooperación occidentales poseen una noción simplista de lo que significa “África” y de qué es el “desarrollo”. No son conscientes (o ignoran) todo lo que ha generado la reciente crítica del desarrollo en tanto que ideología y práctica, y pretenden actuar como si esta crítica nunca se hubiera formulado.