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El 27 de febrero antepasado –que no corresponde precisamente al 27 del año 2010, cuando nuestro último gran terremoto en el año del Bicentenario de la República del cual escribimos[1]-, terminábamos de confeccionar el afiche del “Taller en Filosofías Contemporáneas” junto a Luis Merino y en un compu de la Biblioteca de Las Cruces. El 27 recién pasado comunicamos un avance de imagen del segundo libro, prácticamente, del año 2025. Su título: “Vivir la Tierra en filósofo, hoy”.

Pero…, antes de proseguir en el tiempo presente, hagamos un rodeo temporal: mi texto “Filósofos chilenos y el Bicentenario” de 2012, vio aparecer una sección “extra” llamada “Del terremoto en Chile”, después que experimentáramos, tan precisamente en esta Tierra y geología, otro de los grandes sismos que acostumbramos, el 27 de febrero de 2010. Entonces, ¿”ser” chileno y no pensar que también “somos” los regularmente terremoteados? Además, el terremoto de 2010 vino con tsunami (“maremoto”) incluido, asolando unos 500 kilómetros de nuestras costas.

Eran 200 años de república políticamente independiente en 2010. Y, una vez aparecido este volumen con sección agregada, el amigo y colega Pablo Oyarzun me habló de una reflexión suya a propósito de un texto del romántico alemán Heinrich von Kleist llamado “El terremoto en Chile”. Este cuento o narración breve crea ficción basándose en lo que, en Alemania, se supo de lo que había ocurrido la mañana del 13 de mayo de 1647, especialmente sobre un Santiago colonial-español.

La tradición chilena convirtió ese sismo en símbolo religioso: todo se habría derrumbado de la enorme iglesia agustiniana del centro de la ciudad. Pero, entre los escombros se habría descubierto al crucificado intacto –solamente que la corona de espinas había atravesado “milagrosamente” todo el ancho de la cabeza, quedando colgando como un sorpresivo collar en el cuello del Cristo-en-madera.

El pueblo comenzó a nombrarlo el “Cristo-de-mayo”, y, hasta el presente, miles de santiaguinos lo celebran todos los años ese mes.

El filósofo chileno P. Oyarzun reflexiona Chile y sus terremotos, en una perspectiva desde el racionalismo kantiano y la reacción romántica posterior. Destaca el dilema <orden social-desorden cósmico>, y los argumentos de Kant acerca de los “límites” de la razón moderna. Según Oyarzun, Kleist, en su “sensibilidad” romántica, habría sido “perturbado” por la violencia “salvaje” del terremoto de 1647, en un pueblo semi-occidental como Santiago de la Capitanía General, al extremo austral del “nuevo mundo”.

En un cierto juego con las circularidades hermenéuticas, si el relato de Kleist se titula “El terremoto en Chile”, el artículo de Oyarzun se titula “El terremoto de Kleist –en Chile”…

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Volvamos. Aquel taller en la playa de Las Cruces, lo realizamos de marzo a mayo con una concurrencia de 12 participantes de varias localidades del Litoral central de Chile. Su programa propuesto dividía los contenidos en dos grupos:

*un grupo de filósofos del siglo XX europeos: M. Heidegger, H. G. Gadamer, J. Derrida, J. Butler

*un grupo de filósofos chilenos vivos: P. Oyarzun, V. Campos, I. Trujillo.

Los campos a meditar eran: fenomenología y hermenéutica filosófica, filosofía del acontecimiento, de la deconstrucción, del “comprender”, del género. En el decurso de la actividad, incluimos una reflexión de la inteligencia artificial, de la educación, de la alegría,… Un recuerdo especial para M. Eugenia Gálvez, quien ha muerto hace unas dos semanas, fue miembro constante del taller, e incluso una sesión la hicimos en su casa de Av. Las Salinas del pueblo.

Entre esa actividad docente y el libro por aparecer que mencionamos, ha acontecido, además, otra publicación en libro. Se trata de <Filosofar o hacer historias de las filosofías> (154 pgs., Ril Eds., 2024-25).

La publicación en formato ‘libro’ que queremos destacar aquí –actualmente en imprenta por Ed. Sta. Inés-, se mueve precisamente desde las playas en el Litoral-de-los-Poetas/de-las-Artes en Chile, hacia un posicionamiento ‘en-la-Tierra” como si dijésemos ‘globales’ y hasta ‘universales’. ¿Cómo así?

Tiene tres secciones y la primera suma casi 70 páginas con una selección de 10 artículos míos publicados en plataformas de Chile y España. Su asunto : cierta meditación desde un filosofar contemporáneo, de las polémicas de lenguaje que están ocurriendo, estos tiempos contemporáneos, en el mundo del saber científico de la física cuántica actual.

Otra sección de ese libro presenta una colección de textos del tipo “crítica” o estudios literarios. Allí caben preferentemente escritores chilenos, tanto de los “famosos” como de los “anónimos”. La tercera sección trae textos + personales y hasta biográficos, claro que bajo la especie de las “máscaras” –aquel juego griego antiguo y “clásico” que  expresaba las paradojas de verdad/mentira y realidad/representación, descubiertas en la aparición de la forma teatral en esos siglos…

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De modo que, en el período de un año, nos transportamos, desde las playas del Litoral a escenarios en toda la Tierra. Desde una salita de madera frente a unos atardeceres radiantes y el silencio de una localidad humana muy pequeña en otoño, hasta una voz que quisiera (ojalá) hablar a todo-el-mundo. Talvez resonando aquella consigna aparecida en la década de los años ’70: <piensa global, actúa local>[2]

 

[1] Ver: “Filósofos chilenos y el Bicentenario” de Fernando Viveros Collyer. Editorial Chancacazo, 2012.

[2] Permìtanme esta otra globalidad. Dice Wikipaedia:

“The phrase «Think globally, act locally» or «Think global, act local» has been used in various contexts, including planning, environment, education, mathematics, business and the church. «Think globally, act locally» urges people to consider the health of the entire planet and to take action in their own communities and cities. Long before governments began enforcing environmental laws, individuals were coming together to protect habitats and the organisms that live within them. These efforts are referred to as grassroots efforts; they occur on a local level and are primarily run by volunteers and helpers.