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Palabra e inversión. El sentido de la palabra “relación” pareciera que abre un movimiento orientado y caótico. Conecta a dos “algos”, y prefiere una dirección. Por eso, entre “palabra” y “gesto” podemos discernir, paradojalmente, un entanglement-enlace-fuerte-extraño[1], una manera de pensar la “relación” que la rescata del uso mecánico habitual de pre-entendidos…
Andrea Potestà –italiano de nacimiento y académico de filosofía de la Universidad Católica de Chile-, en su “Pensamiento del grito” (Ed. Metales Pesados, 2020), habla de cierta “inversión” de “los términos habituales de la relación gesto-palabra” (pg. 62).
¿Cómo así? ¿Qué está explorando precisamente?
Él mismo se devuelve a cierta “necesidad” de consultar previamente por la palabra “gesto”. Y se responde:
“Habitualmente, se concibe el gesto como aquel movimiento del cuerpo que quiere decir algo discursivo” (ídem pg. 62). E ilustra: “El movimiento de la mano que saluda, por ejemplo, quiere decir: “hola, bienvenido”…
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Este “quiere-decir” es clave-llave. Y algo d’eso supo Derrida, fluyendo de un decir al siguiente –en tanto decimos cosas.
Pero, el cuerpo-humano dice? No y sì. Ni la boca-laringe-lengua, de un cierto modo, dicen sino suenan. Y pareciera que nunca dejan de decir apenas “abiertos-con-aire”.
Estos “movimientos-cuerpo-humano”, en tanto “movimiento-cosa” no dicen. No hay sentido. Pero como “movimiento-humano” nunca dejan de “hablar”. De manera que, o la propuesta está inadecuadamente dicha, o resulta superflua.
Se tratarìa de un “estar-antes-de-lo-humano-del-estar”. De algo humano y no del-sentido como “pensamiento” –un movimiento, digamos, neuronal, que excede cualquier movimiento de neuronas…
Habrìa que, como dice Potestà, “concebir” (claro que: “sin-concebir”), y percibir un “humano-movimiento” ajeno a un sentido & decir. La mano moviéndose “sería” = mano + movimiento, ningún saludo y menos un “hola”. (Im)posible porque el otro, y uno mismo, pone sentido a cualquier movimiento-cuerpo. Que haya dicho “hola” o “chao” parece secundario.
Además, de cierto modo ningún movimiento-de-las-cosas es ”solamente-movimiento”. Por ejemplo, el (“supuesto-en-un-modelo-matemàtico”) movimiento del electrón alrededor del “núcleo”, “es-gravitación”, “cargas-eléctricas” –y varias maneras de entanglement.
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La mano-movimiento y la boca-sentido: la mano hace “gesto” y la boca hace “palabras”. Y no sucede como que “quiere-decir” esto u l’otro, sino siempre, en tanto mano-humana, está diciendo sentidos. Pero, si además del decir “espontáneo” de la mano-movimiento-cuerpo-humano, alguien quiere que diga o no-diga otra cosa-de-sentido, alguien “quiere-decir” en ello, “hola o chao”, vamos jugando las interpretaciones sobre interpretaciones.
Cuando alguien percibe el movimiento-gesto –y esto implica “leerlo”–, y habla palabras de ello, pareciera que, en el fenómeno, un modo de sentido (“mudo”) resulta sobreinterpretado por el modo de las palabras (“hablante”).
No habrìa siquiera la posibilidad de “definir-el-gesto”. Siendo siempre sentido, otro sentido –el de una ·”definición”-, lo re-cubriría. No habrìa entonces gesto, sino formas de lenguajes.
¿Còmo pensar antes del estar ya pensando? ¿Hay tal fenómeno, como cosas-sin-entanglement? Sin relaciones, sin familiaridades, un siempre-ya-estaba.
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En la página siguiente, Potestà lo escribe:
“¿còmo accedemos a ese nivel prediscursivo?”
Aunque còmo siquiera se pplantea esta pregunta:
“Còmo se puede pretender que hablemos de algo fuera
de las palabras? ¿Debemos renunciar a hablar del gesto?”
Claro: imposible “salir” del lenguaje filosofando –que “es-lengua” e intensa.
Y la clave-llave estaría en otra palabra de la primera cita: el hábito (“Habitualmente se concibe el gesto…”). Un “hábito” pareciera decir, desde hace mucho tiempo (l’historia, los usos tradicionales), un “siempre-estar-vestido”. El cuerpo-humano y trapos… Pero habito dice habitual, costumbre, ethos[2]. Lo repetitivo humano y devenido “naturalidad-de-sentido”. La polisemia –las muchas semillas; los sres. semen sobreabundantes, según la sra. óvulo–, de unas y otras “normas-del uso humano”.
Asì, habitualmente hacemos preguntas y “queremos-pensar”, aun cuando “siempre” estamos en algo-del-pensar. Incluso pensando-en-nada. Y habrìa que preguntar al preguntar –asunto imprescindible e algo absurdo.
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Nos importaría eso que, ambiguamente, llamamos “gesto”, como una particular manera de operar este (im)posible. El de hacernos pre-humanos en lo humano.
Entonces ocurren las oportunidades de “nada”, del “vacío”, del “suspender”, del “calmar-relajar”. Asì, del tai chi y del sueño “reparador”.
Vamos al “grito-gesto” buscando un cierto “sentido-antes-del-sentido” establecido y estructurado. Cuando quemados por una llama de bosque, aullamos de dolor –pero, usualmente, los humanos de variadas tierras aullamos diferentemente según hemos aprendido a aullar-de-dolor. ¿Y l’espontaneìdad….?
Entonces, en todos los arjè-inicios-orìgenes, ya “somos” dobles habiendo ya-estado-ahí… Pero es que siempre ya estamos “en-otra-parte”, “más- allá–acá”: el que nacemos y morimos lo “dice”. La muerte nos “espera” para regresar de donde nunca hemos partido.
[1] “Entangle” dice, en inglés, el “enredo”. Notable: estar “en-la-red”. Envuelto en el tejido discontinuo, lleno-de-aires, y hasta laxo que, sin embargo, sujeta y domina poderosamente. Los físicos cuánticos adoptaron esta palabra para significar un fenómeno (o una matemática), que señalaba la existencia necesaria y empírica de elementales-físicos diferentes-separados, y sin embargo, unidos-paralelos. “Partículas” distintas pero conectadas instantáneamente –no importa a qué distancia (sin ciertas relevancias, al parecer, de espacio-tiempo).
El asunto se me presenta así: los modernos científicos físicos han llegado a un lenguaje de matemáticas que “describen-representan” el “mundo-real”. Este lenguaje de “ecuaciones” (ecuación dice igualdad; ¿què pensamos cuando decimos “igualdad”?), predice una existencia efectiva. Operando esas ecuaciones, es posible fabricar artefactos que “hacen-cosas” y muy complejas. Sin embargo, este lenguaje matemático-potente, no puede traducirse al cotidiano de la lengua del conversar, sin llegar a afirmaciones paradojales o sencillamente absurdas. “Contraintuitivas”, agregan, sin, por un minuto, pensar que están diciendo como “intuición”. Si no-y-opuesto a una intuición, ¿dónde habría entonces que fundar el “sentido””?
[2] Y, si no trapos de lana o polyester, marcas, muescas y tatuajes. Como los Nambiguara en los claros de la Amazonía: apenas algún “sujetador-de-genitales”, pero vestidos de signos… Parece tan notable esta polisemia. Los diccionarios ofrecen los niveles de uso-colectivo y prenda-de vestir. Proponen: costumbre y hasta maña (un vestir doble o re-forzado), y también: túnica, manto, toga. ¿Dónde estaría el “truco”? Tal vez en lo semiescondido del doblez: la costumbre que, re-doblada y replicada, deviene “segunda-naturaleza”, y el vestido que, siempre-en-uso, deviene el “cuerpo-social-verdadero”.
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