El adiós
Pasaba el tren al tiempo que soplaba el viento y movía las ramas del árbol.
Pasaba el tren dejando atrás al árbol y las hojas caídas arrancadas de sus tallos.
La libre opinión de ciudadanos críticos dispuestos a escribir
Pasaba el tren al tiempo que soplaba el viento y movía las ramas del árbol.
Pasaba el tren dejando atrás al árbol y las hojas caídas arrancadas de sus tallos.
Para los antiguos griegos, que inventaron la democracia y supieron poner las bases de la cultura Occidental, la educación no era un trabajo, sino un arte. Era el arte de las artes, ya que la materia empleada en esta actividad no era, ni es, bronce o mármol, sino personas.
Esto lo escribí antes de ayer, miércoles 29 de mayo de 2013, dedicado a los niños, adolescentes y jóvenes puertorriqueños e inspirados en mis dos ahijados por su graduación.
Que hay que actuar ante los caso de corrupción, es obligado; tomar las actuaciones pertinentes y legales, también. Es lamentable ver el circo por el que estamos pasando.
No me ha causado sorpresa la noticia de que Baltasar Garzón anuncie su desembarco en la arena política, de hecho lo estaba esperando. Imagino que fundará un partido propio que como el de Rosa Díez o Jesús Gil (perdón por las comparaciones) estará fuertemente vinculado a su persona y a su supuesto carisma personal.
Con semblante triste y mirada profunda, te estremecía al mirarte con sus grandes ojos negros, casi sin vida.
Les esperamos en el Seminario: «10 AÑOS DE CONSTRUCCIÓN DE COCINAS SOLARES EN COMUNIDADES RURALES DE BOLIVIA».
Pasó ante mi pálido, silenciosos, gris, con su maletín bajo el brazo y en los ojos una extraña expresión de ausencia. Era un hombre de unos 45 años. Andaba despacio, mecánicamente, y de vez en cuando detenía sus pasos para subirse, con un estremecimiento, el cuello de su gastado abrigo.
En una tendencia más de la artificialidad que comúnmente asociamos a la compañía.