Myanmar, la vergüenza del mundo
Hace trece años comenté que el genocidio de Ruanda había puesto tan alto el listón de muertos en los conflictos que podríamos acabar pagándolo haciendo invisibles muchos otros dramas que, a pesar de su inmensa crueldad, no se caracterizan por acumular centenares de miles de muertos, pero sí por vulnerar todo tipo de derechos humanos, despreciar la democracia e impedir la libertad de sus habitantes.