Hace casi exactamente dos años, Sofía, la madre de Víctor me mostró un vídeo en el que el niño hablaba con su bisabuela (también en la imagen) mientras le expresaba sentimientos tan en desuso, que me han inspirado a escribir esta historia. Yo tengo edad suficiente para recordar imágenes de ternura y complicidad entre niños y ancianos, pero ya no es algo común en nuestros días; estamos inmersos en una carrera contra la vida que nos lleva a pisar todo a nuestro paso dejando el camino plagado de cadáveres de desamor, injusticia, frialdad y egoísmo hasta el punto en el que se nos hacen extrañas la generosidad y la ternura. Y si alguien demuestra sentimientos puros, se le llama estúpido o, cuando menos,  ingenuo.Pues bien, les voy a contar esta historia para que ustedes decidan en qué mundo les gustaría poder envejecer, porque yo ya lo he decidido. Yo quiero hacerlo en un mundo como el de Víctor.Él no vive con su abuela, aunque pasa temporadas con ella; tampoco vive con su bisabuela, a la que adora, pero la visita con mucha frecuencia. Y en una de esas visitas, alguien quiso grabar la particular relación que ellos comparten. Como dispongo del vídeo, puedo transcribir la conversación exacta entre bisnieto y bisabuela, a la que él llama «mamá»:«Eres tan guapa que seguro que eres hija de los ángeles. En las noticias debería aparecer: hemos encontrado a la abuela más bonita del mundo», y aparecer una foto tuya en las noticias. Poco puedo añadir ante este despliegue del más sincero cariño que se le puede regalar a personas que han vivido, sufrido, dado lo mejor de sí mismos y no están dispuestas a abandonar esta vida sin dejar una estela de belleza y energía.