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La vida humana se planifica y se improvisa simultáneamente y cada día…

Esa, una cita (quizá) de algún Grande de la tradición filosófica –o un dicho popular por las tierras tan lluviosas del llamado “Sur-de-Chile” –latitudes al sur de la ciudad de Concepción (fundada por don Pedro de Valdivia en 1550), y hasta el puerto llamado “de-Montt” (un presidente de la república chilena naciente a mediados del siglo XIX).

O un verso de esa epopeya post todas las epopeyas “clásicas”, el poema estupendo de don Alonso de Ercilla, “La Araucana” (1569) –escrito por un poeta que acompañó un rato a las tropas del Conquistador y fue sorprendido por la gallardía del guerrero mapuche, hasta compararla con la del guerrero ibérico templado en las “Campañas de Flandes”…

Errado, eso sí, con lo de “araucanos”, que nunca fueron ni han sido. Sino mapu/che, y sin plural. “Arauco”, se dice, fue o es un territorio por Colombia adentro, y correspondería al apelativo de ciertos de sus habitantes.

Nosotros, el equipo de la idea & proyecto del “Hacia el Festival chileno de la Filosofía 2025”, descendimos de un bus nocturno a principios de esta semana en Temuco –una ciudad fundada en plena república chilena y en pleno centro de esta llamada hoy: región de la Araucanía –y que bien poco de “pasado tradicional” muestra…

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Estábamos realizando la 5ª ETAPA del “Hacia el Festival..”, con dos estaciones. Una en la Universidad de La Frontera (habrá que conversar luego d’este nombre: “La Frontera”), y otra en la Biblioteca Municipal de Temuco.

En la Universidad, llegábamos a donde se denominan: “Núcleo Científico Tecnológico en Ciencias Sociales y Humanidades”… Todo un barroco postmoderno de nombre, para una unidad académica del siglo XXI, y en la Araucanía intercultural. Una reflexión más filosofante también debemos a este puro título (y averiguar del “inspirado” que dio con él).

El caso fue el siguiente:

Comenzando por el final, nos encontramos escribiendo y enviando esta comunicación por correo electrónico:

“Finalmente (post reclamos e intensidades comunicativas), la U. de La Frontera y sus filósofos académicos (¿o académicos filósofos?), nos recibieron amable y abiertamente. Fue necesario cierto «combate» y, entonces, redescubrimos todos que lo más valioso «Está-En-Otra-Parte«. Que las reglas del academicismo hegemónico –y que la realidad de las cosas, aun universitarias–, siempre ocurre en múltiples matices y diferencias. Nos acogieron y compartimos esta idea y proyecto del «Hacia el Festival chileno de la Filosofía 2025«, y hasta nos prometimos un cierto re-encuentro en noviembre, en el IX Congreso Nacional de Filosofía en Talca, Chile central… Sería un desafío entre congresistas y festivaleros, encontrados en el filosofar… Y más o menos estuvimos en el acuerdo que un “congreso” no siempre es tan serio (y hasta aburridor), y le suceden alegrías, pero que un “festival” (y del Pensar), no solamente ocurre alegre, sino que, a veces, transita a los éxtasis y transportes –como los que Rimbaud llamó (en un melange de modernismo y clasicismo): “Les iluminations”…

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Antes, les habíamos espetado: “Estimados y estimadas colegas y funcionari@s, nuevos amigos de la UFRO – Núcleo. Gracias por sus atenciones de hoy. Creemos haber logrado las metas básicas d’esta visita a ustedes: –Saludar personalmente a todos. –Manifestar «presencialmente» las generalidades de nuestra idea y proyecto del <Hacia el Festival chileno…>. –Confirmar l’entrega del volumen “Filósofos chilenos y el Bicentenario” (2010-12) a la Biblioteca Central «Horacio Núñez Studzel» (originalmente entregado a manos de la profesora Erika Molina, el 8 de enero de 2025, según lee la DEDICATORIA). –Y proyectar esta visita hacia performances más sustantivas, como será el modo de hallarse (lo esperamos) en el IX Congreso de ACHIF en noviembre, ciudad de Talca.

D’ello, dos temas que nos mueven son: a) Que somos «de-provincia», condición que, creemos, hoy debe ser relevada como más adecuada para filosofar que aquella de “vivir-en-la-Gran-Urbe-post –las que parecen haber perdido o estar perdiendo el aura y lo concreto de «capitales de la Cultura».

Luego, las regiones chilenas a nuestro cansino paso d’este mes de junio: l’Araucanía o novena, la de Valparaíso, quinta región. La de Valdivia, la décima más algo, y Pto Montt, declaradamente la décima. A la que se agrega Chiloé, tb la décima región de Los Lagos…

Considerando que nuestro plan anual de viajes incluye el Norte Grande en agosto y el Norte Verde en septiembre, la TESIS que quisiéramos compartir dice esta indicación hacia una mejor adecuación para una libertad, una amplitud y unas poéticas filosóficas, que esta época ni-muerta-ni-viva parece pedir: que las unidades académicas de filosofía provinciales deben hablar más fuerte y precisas a las de la Capital Santiago…

Una TESIS, la dicha, separada de los raciocinios monótonos y llenos de hábitos (esos “por-cumplir”, “quedar-bien-con-todos” y hasta “parecer-inteligente”. Un argumento alegre. ¿Sería demasiado recomendar una relectura, aun parcial, del «¿Por qué permanecemos en provincia» de M. Heidegger –cuando le insisten que se vaya a vivir a Berlín?[i]

Saludos y hasta re-vernos

 

[i] Así con este párrafo: “Al hombre de la ciudad una estadía en el campo, como se dice, a lo más lo ‘estimula’ (“angeret”). Pero la totalidad de mi trabajo está sostenida y guiada por el mundo de estas montañas y sus campesinos. Ahora, mi trabajo allá arriba se ve interrumpido a menudo por largas pérdidas de tiempo debido a gestiones, viajes para dictar conferencias, discusiones y la actividad docente de aquí abajo.

Pero tan pronto retorno arriba se aglomera, ya desde las primeras horas de estadía en mi refugio, todo el mundo de las antiguas preguntas y, por cierto, en la misma huella con que las dejé.

Sencillamente soy trasladado al ritmo propio del trabajo y, en el fondo, no domino en ningún caso su ley oculta (“inneres Gesetz”).

Los hombres de la ciudad se maravillan a menudo de este quedarme solo tan largo y monótono entre los campesinos y las montañas. Sin embargo, esto no es ningún mero y simple quedarme solo: pero sí soledad.

En verdad en las grandes ciudades el hombre puede quedarse solo como en ningún otro lugar es posible.

Pero allí nunca puede estar a solas. Pues la auténtica soledad tiene la fuerza primigenia (“ureigene Macht”) que no nos aísla, sino que arroja a la totalidad de la Existencia (“Dasein”) del hombre en la extensa vecindad de la Esencia de todas las cosas (“des Wessens aller Dinge”)”.