Las familias campesinas en muchas comunidades de La Paz se preparan para el gran Larkhalli, una celebración del trabajo organizado para tener agua, con tres días de recorrido a lo largo de las acequias y acueductos construidos con piedra por los ancestros para llevar agua desde el pie de las nieves del majestuoso Illimani, hasta el pueblo y a las chacras plenas de cultivos diversos y rotatorios de alimentos, flores, plantas medicinales y forraje.

Larkhalli es una palabra en idioma aymara que significa limpieza de las acequias. Antiguamente las familias, a la cabeza de los dirigentes agrarios, se organizaban con pala y picota al hombro para subir a hacer el mantenimiento de los conductos del agua, retirar sedimentos, arreglar roturas y encausar desvíos o chorreras. Además, el conjunto musical del pueblo acompañaba – y aún lo hace – toda la ruta del trabajo con música autóctona y los niños y niñas llegan con sus banderas blancas que homenajean la nieve y tricolores bolivianas. Según la tradición, las esposas de los dirigentes cocinan 5 platos típicos que cada participante debe recibir, se dice que es comida abundante porque el trabajo que demanda este mantenimiento es abundante, así que todos comen juntos durante los descansos y brindan para celebrar que tendrán agua todo el año.

Sin embargo, esto que siempre fue una fiesta comunitaria, hoy incluye el registro estricto de los participantes con la distribución de turnos de uso del agua, porque en el segundo semestre del año se va secando a niveles alarmantes debido al retroceso glaciar y al derretimiento de la nieve que ha ocasionado la desaparición de ojos de agua y cascadas. Por eso quien no participa en el trabajo, no tiene acceso al agua, el esfuerzo es distribuido de forma equitativa, así como los aportes en dinero para comprar cemento para sellar las posibles grietas y asegurar el curso de cada gota de agua que hoy escasea para la producción alimentaria. Si no fuera porque aún existe vocación productiva y el alma de tierra fértil, mucha gente habría migrado a otras actividades y a otros lugares. Menos mal la belleza de Cayimbaya tiene el corazón amarrado fuertemente a sus raíces y la gente no se rinde, sigue luchando para que el agua mantenga vivo y floreciente a su pueblo.

Entre las nuevas gestiones en el marco del Larkhalli, está la construcción de una represa que, sin duda es millonaria pero muy urgente, de esta manera se podría tener un reservorio como medida de adaptación a la crisis climática, además de mantener la planificación de la distribución equitativa y justa entre comunidades vecinas que quedan aguas abajo, una tarea que históricamente ha sido fraternal, complementaria y pacífica por naturaleza, algo que hoy más que nunca se debe conservar  en las relaciones sociales para contrarrestar los pronósticos científicos que indican que el calentamiento global que provoca la escasez de agua, es un potencial de conflictos bélicos.

Es necesario resaltar que Cayimbaya es una de las 74 comunidades del municipio de Palca, donde se encuentran dos macrocuencas de la Cordillera Real, que son el Mururata y el Illimani, que envían a las ciudades 200 toneladas de alimentos variados entre tubérculos, verduras, maíz y frutas por semana en tiempo de cosechas y 100 toneladas en tiempo seco.

Desde Cayimbaya, invitamos a todo el mundo a nuestro Larkhalli anual, ejemplo de gestión democrática que empezará el lunes 4 de agosto de 2025 y durará tres días, justamente una semana antes de las elecciones nacionales presidenciales que esta vez tiene mucha necesidad de ejemplos de responsabilidad democrática para resultados específicos, palpables y exitosos.