1A comienzos de 2025 en ‘mestizo’ pensábamos asuntos como:

  1. Un ‘soy’ y otro ‘somos’; del uso de la palabra “ser”; de nuestro desuso. D’esas comillas simples
  2. “siendo” Latinoamericanos (algo anacrónicamente; ¡esos años de latinoamericanismo!): en parte precolombinos y en parte europeos modernos y luego postmodernos. Digamos: ‘al modo colombinos-post’
  3. Santiaguinos por parentesco; playeros del Chile central, por elección
  4. Criados entonces por la cordillera de Los Andes; el andar hablando con de “weón-en-weón”; con la Violeta y Nicanor Parra. Y, entonces, con el Da-sein y la déconstruction de Heidegger-Derrida
  5. Malcriados por Pinochet y también por la “vuelta-a-la-democracia” (no por poco democrática, sino hasta por esa melancolía de un “es que ya no es la “democracia-de-antes”); y por los decaídos “progresismos” actuales 
  6. Criados en el espíritu del pueblo-chileno. No de su ‘proletariado-pre-1973’, sino del pueblo hegeliano de siempre –y desde que algo como ‘lo-chileno’ puebla esas tierras–, haciéndome “el-que-hoy-soy”: un ‘litoraleño’ y un provinciano agradecido…

Andando los meses d’este año 2025, he devenido:

  1. Cierta ‘voz’
  2. Un descendiente de ‘Viveros-González-Bravo’ mesclado con ‘Jacques-Collyer’, de inicios del s XX. Singulares ‘colonos’ en el llamado ‘sur-de-Chile’; vecinos de gente mapuche
  3. Conviviendo con celulares, las IA y entre las llamadas (curiosamente, ¿no?) “redes sociales”
  4. Que habla tres idiomas europeos fluently, y uno local ‘chileno’
  5. Que estudio la filosofía en varias Universidades nacionales, y que nunca (…parece) “será” doctor (como casi todos y todas ustedes)
  6. Casado, padre, ‘anulado’ (pre ley de divorcio), y abuelo
  7. Un mero ‘adulto-mayor’; con derecho a pagar la mitad de la tarifa en los buses, micros, guaguas o camiones mexicanos
  8. Y que osa-decir (y dice) ‘Hegel’ con la mayor ‘naturalidad’ posible

 

2

Vagamente –como ‘debe-ser’–, ¿ha sucedido algo?

Seguramente y en el saber de ello estamos a cada instante.

Pero finalmente –‘somos’ los que estamos finalizando 4 mil kilómetros de caminos por ese país austral en procura del “Hacia el Festival chileno de la Filosofía 2025”. Entonces transformado por inmensas gratitudes y gruesas frustraciones de la chilenidad-en-pleno, la de los canales de la Isla Grande de Chiloé y la de las pampas brillosas del desierto d’Atacama. Y habiendo cogido (o abordado, mejor), un avión para llegar anteier a este monstruo urbano en el centro de México.

Para escuchar y conversar de este señor alemán, Hegel.

Acompañado, dice el Programa con los profes alemanes, de varios cuyos tatarabuelos pudieron ‘ser’ vecinos d’este señor.

3

En la “Fenomenología del espíritu” se comienza, un poco de más o un poco de menos, por desechar los “prólogos” con un “Prólogo”.

Doble pues: la negatividad del rechazo (argumental); una ‘flagrante/elegante’ contradicción. Sin embargo, logrando un texto que trata de significados con lo universal-y-singular.

Lo mío aquí, hoy, puro prólogo ‘será’.

¿Cómo m’atrevo a esto? Es decir, alrededor mío, con desplantes académicos arrolladores algunos, todos usan la palabra “Hegel” abundantemente. ¿Pq ocurre la timidez?

Durante los años ’20 del llamado “s XX”, Heidegger permanecía silente de un ‘gran texto’ que lo consagrara –‘era’ el uso académico del “Tratado”, en el comienzo del siglo–, causando inquietud entre quienes ya lo admiraban y repletaban sus cursos.

Por ahí, obedeciendo una Anfrage, escribió-pensó, los apuntes d’un cierto algo. Quiero decir: el comienzo titubeante de lo ‘nuevo’. Lo destinó y continuo trabajoso, sin el “Esperado”. Hasta que apareció por fin, y se tituló “Ser y tiempo”.

Años post, se supo llamar “Informe Natorp” a las notas que’l pensador envió al nombrado Natorp. En su subtítulo –¿un prólogo?–, algo acerca de cierta “situación hermenéutica”.

Al parecer, Heidegger “luchaba contra Aristóteles”. Y uso esas comillas pq descubría, asombrado y, sin duda, angustiado, que debía haber una diferencia inmensa y decisiva entre ese nombre con comillas –el escuchado y leído en las Universidades alemanas de esa década y anteriores–, y el Aristóteles de Atenas, griego y antiguo.

Hoy, por esta ciudad de México y Puebla (que no es un ‘pueblo’), escuchamos la palabra “Hegel” aún más abundante. Y bastante ‘fácil’.

¿Será al modo académico como se decía entonces “Aristóteles”? ¿O será al modo d’un ‘comprender-el-comprender’ de Heidegger encontrándose con la tarea de “lograr la situación hermenéutica”?

Pero, ¿hablo de Heidegger o de “Heidegger”? El ‘colega’ (aunque no hay colegas entre artistas-filosofantes), el amigo Ángel Xolocotzi Silva de la BUAP, puede decirnos al respecto.

4

Una “América es sin historia” se combina con otra “América del futuro”.

El futuro ya ‘fue’, mientras “América” se sigue llamando igual –a pesar de esfuerzos como los del llamado Abya Yala.

Los y las más acomplejad@s –para entrar ya en las polémicas–, insisten en hegemonías eurocéntricas, descolonizaciones, y hasta simple ignorancia, en la frase hegeliana aquella.

Una intensión como la de “lograr la situación hermenéutica”, probablemente debe percibir los tiempos-lugares diversos en todo ello. Un alemán; siglo XIX; filósofo; burgués, uno cúlmine del ‘idealismo’…

Y, ¿para qué tanto ‘problema’? ¿Por qué no escribir otro paper más del-tema, otro d’esos que casi nadie lee pero genera abundantes revenues a las instituciones académicas formales?

¿Acaso este IV Congreso no es otra ocasión de lo mismo?

¿Cuál sería la situación hermenéutica de venir volando seis mil kms…, del sentido de venir a escucharlos a ustedes? Y ustedes esta ‘voz’… ¿Qué gano y qué pierdo?

Pq no hay decisión-humana ajena a esta economía existencial. Tiempo finito; allá la sepultura y los comments de las posteridades. No habría buena filosofía que excluyera estos ‘asuntos’…

Un “¿Qué’s mejor; qué vale más; qué importa al porvenir humano nuestro. ¿Pasarnos estos días ‘en-congreso’? ¿O pasárnoslos comiendo quesadillas en los mercados por todo México?”. Digo: para leer-a y pensar-con Hegel este mes de noviembre…

Probablemente ambos. 

En-congreso a menudo escuchamos afiladas interpretaciones eruditas –que “aportan” lo suyo y a menudo descarrilan hacia fraseologías secundarias. Y en-los-mercados, la pasamos pensando esta-vida que me ha traído de regreso a México. No ya como el ‘bailarín’ d’esa compañía de danza contemporánea de los años ’90, sino como el ‘filósofo’ a partir de los años 2000, una vez que a aquel l’entró el tedio de los y las bailarinas –incapaces o impotentes de pensar lo que pasaba en esos intensos escenarios–, y que, avejentado y casi canoso ya, comenzó este camino-del-pensar (más o menos) en serio.

5

Claro que ‘filósofo’, pero quizá más ‘poeta’.

En 2022, ocurrió mi Ereignis (o algo de eso). Durante el siguiente ciclo solar, escribí y publiqué un libro titulado “Estudio del sol”.

Ya nada o casi nada pensado al modo de mis pasados como sociólogo y hasta como político. Uno ocupado de “temas urbano-humanos”, y hasta “socio-históricos”.

Otro ahora otro mirando ‘sol’. Caliente y poderoso, implacable y dador de toda vida, dos años post descubrí (o reencontré) —otra vez en el ‘accidente’–, a este señor Hegel.

¿Por qué habría sido que de los “seres-humanos” pasé a ocuparme de ‘sol’? Entonces cuando me desinteresó toda sociología o sociologismo filosófico, y comencé una rara cosa como una ‘filosofía-del-sol’

Un asunto con Hegel se puede decir como: dialéctica-de-razón-con-absoluto.

Dialéctica pudiera también decir hoy, s XXI-mestizo, pensar de modo que tu razón vaya siempre más allá (“sea” esta y esa otra), moviendo y moviéndose. Y comprendiendo aún entre argumentos de contradicciones imposibles. No como malabarismos d’eruditos aparentes, sino intentando decir, entre paradojas y frases desconcertantes, un encuentro racional con lo ‘real’. 

Cuando ocurre –cuando bien leídas; solo entonces–, qu’el ‘real’ que necesitas para vivir-feliz entre las cosas sencillas, debe resultar efectivamente dicho y pensado.

Vivir pensando. O sea, esta manera “en-el-espíritu”. Que no dice mero “pensar”, argumentar de cerebro y palabras. Sino del estar entre las cosas tanto como en su para-sí (su aspecto “subjetivo”, “energético”), mientras paseas entre ellas como meras cosas. 

 ¿Sabían d’esto los precolombinos?

Sin duda sí. Pero sin duda nunca lo sabremos. Como con los de Tiwanaku, en las riberas del Titicaca: un día des/aparecieron, con idioma, niños, y todo.

Pero no se pudieron llevar consigo las piedras y sus tallados. Las que aun hoy nos cuentan de lo “abstractos” que se concebían. Su ‘pasión’ de las líneas rectas; de los ángulos rectos –geométricos decimos hoy. Precisamente lo que no se dam (pero existe) en la Naturaleza. Tanto quizá que, ya desesperados, optaron por desvanecerse. Ni rastro de su idioma quedó…

Si hay un pueblo hegeliano, apuesto que fue el de Tiwanaku.

A ese “pueblo-histórico” intento dirigir hoy estas palabras-significantes. Permítanme: No a ustedes congresales y académicos hegelianos, sino a esa gente-abstracta del altiplano andino. Aunque, de alguna manera no-absoluta, solamente ustedes puedan escucharlas realmente.

Pues, en lo posible y con todas mis fuerzas, me pasaré los próximos años viajando entre Atenas, los Andes y Alemania –pretendiendo llegar alguna vez a estar “bien situado en una (o alguna) situación hermenéutica” 

6

Así sigue este riesgo del primer movimiento, en una elección talvez dramática del pensar. 

Rememorando con ustedes un “comienzo-evidente”: el primer párrafo de la primera página del escrito a leer y comentar:

 

Una explicación como las que es uso anteponer a un escrito en 

su prólogo sobre los fines que el autor se propone, así como 

los motivos y la relación en que crea estar con otros tratados, 

anteriores o coetáneos, acerca del mismo tema parece, 

en el caso de un escrito filosófico, no sólo superflua, sino, por 

la naturaleza del asunto, inapropiada y hasta contraproducente.”

F des Geistes, traducción de A. Gómez Ramos, del “Prólogo”

 

Hegel pareciera aquí también proponernos reconocer nuestras personales “situaciones hermenéuticas”, cada vez que nos abocamos a la tarea-del-filosofar.

¿Cómo escribiríamos los prólogos para estas jornadas comprometidas a cierta “Actualidad de Hegel”? Tal vez las redactemos con esmero o a la pasada. Tal vez sumidos en las complejidades casi inabordables de la “situación” d’este IV Congreso. Talvez resueltos a producir tan solo otro evento académico del mundo globalizado.

Uno mejor sin-prólogo; yendo derecho a los temas de las conferencias. De manera entonces de “seguir-la-corriente” de la época (que constituiría ese, el prólogo-no-dicho). 

Claro que, sin alguna reflexión del contexto-ampliado (de “historia-absoluta”), estas jornadas mucho hablarían de Hegel, mientras harto poco talvez comprenderían.

Me propongo, pues, dedicar varios años a descubrir el “prólogo” que yo debería haber leído hoy a ustedes. En una siguiente ocasión, en los próximos años talvez aporte el elemento de alguien del siglo XXI americano, que encontró un camino para situarse un prolongado mestizo de Hegel y Tiwanaku **