Desde siempre conocemos que la relación entre el cuerpo y el alimento es mediada por la tierra y la semilla, sin embargo en el último siglo la intensa urbanización y el crecimiento de las ciudades han introducido una brecha muy grande incorporando fundamentalmente a la industria que fabrica y vende alimentos, a tal grado que pareciera que para comer ya no son necesarias la semilla y la tierra, sino solamente el dinero y la tienda.
Nunca como ahora nos hemos interesado tanto por la comida y a la vez hemos comido tan mal.
Hablar de la teta es a menudo motivo de conflicto. Si las das, si no la das, si tienes leche, si dicen que no tienes.
El informe analiza el impacto de la crisis en los hábitos alimentarios de la población española, a qué perfiles sociales afecta y qué consecuencias tiene para la salud, basándose en informes oficiales y en la revisión de estudios empíricos.
Vivimos obsesionados por comer bien y nunca antes habíamos comido tan mal. Los estantes de los supermercados están repletos de patatas fritas, bebidas azucaradas, chocolates, congelados, conservas, bollería. Nos venden una gran variedad de comida desnaturalizada, procesada, con un “max mix” de aditivos varios, que tiene un impacto negativo en nuestra salud. Sin embargo, los mismos que con una mano comercializan dichos productos con la otra nos ofrecen alimentos funcionales, “milagrosos”, para combatir precisamente los efectos perniciosos de este tipo de alimentación “moderna”. El negocio está servido.