El amor habita en otra orilla,
mi barca ha naufragado
entre las sombras de la marea.
Otras manos se extienden hacia mí,
pero el mar las cubre sin piedad,
no puedo alcanzarlas.
La distancia se hace infinita,
el silencio se adueña de la nada.
Y yo, sin puerto ni certeza,
sigo a nado.
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