Diría que la felicidad pudiera ser como gotitas de fresca agua que aparecen en determinados momentos de nuestra existencia y que como surgieron desaparecen por recuerdos y/o vivencias, incluso por la frustración de saber que lo que deseamos, en ocasiones, son quimeras cuasi inalcanzables.

Hay momentos de la existencia que pudieran ser más felices, aquellos en los que aún las partidas no se han producido, típicos de la infancia y juventud. El tiempo es un factor primordial en la aparición de los momentos felices, al igual que lo es en los momentos infelices: muerte, fracasos emocionales o laborales, enfermedades…

Podríamos decir que la felicidad está muy conectada con la consecución o no de objetivos pero también hay que decir que una vez conseguidos éstos la sensación de felicidad disminuye haciendo que esos momentos de satisfacción queden pendientes de la consecución de nuevos objetivos, pero también hay que tener en cuenta que esa sensación desaparece de repente si en nuestro camino se presentan otras dificultades, problemas, enfermedades o desenlaces no deseados.

La búsqueda de la felicidad siempre ha estado entre los objetivos fundamentales de los seres humanos pues, en cierta manera, se trabaja o se prepara para conseguir mayores satisfacciones pero su compañía no siempre es posible. Creo que se pueden solventar ciertas crisis con lo que nos parece más nimio, aunque es una mejora sólo momentánea, como puede ser el contemplar una flor, la visualización del horizonte, el recuerdo de un olor o un sabor, el paso de una nube, el triunfo de tu equipo de fútbol, la sonrisa y los buenos momentos de los seres amados, el bienestar de los otros, la contemplación de una obra de arte, el mejorarnos con las buenas lecturas o el sentir la respiración de uno mismo.

Desde hace muchos años he manifestado que el culmen de la felicidad, a nivel personal, lo he encontrado en la mirada agradecida de los otros y lo dejo aquí, a modo de reflexión para que también los lectores sigan indagando en esta cuestión, tema muy recurrente de muchos pensadores y filósofos.

Creo que la felicidad es tan compleja que podríamos decir que la tendríamos a medida de cada ser humano y que algunos, por desgracia y circunstancias, nunca logran encontrarla pues se olvidan que sólo son momentos, a modo de gotitas, que hay que estar dispuestos a degustar.

Autor Juan Francisco Santana Domínguez