Mi aguja, el té y yo
Se quedo allí plácidamente sentada, reflexionando sobre todo lo que le rodeaba; en su dedo, un dedal, en su mente, una historia escrita a fuego.
Se quedo allí plácidamente sentada, reflexionando sobre todo lo que le rodeaba; en su dedo, un dedal, en su mente, una historia escrita a fuego.
Las mujeres las grandes olvidadas de la historia, las que hemos estado durante siglos relegadas a un segundo ó tercer plano dentro de la sociedad, a las que nos han vetado desarrollar nuestros intereses y capacidades durante siglos, vemos por fin, como la sombra de esa mano amenazante se va abriendo hacia una mayor claridad.
Como en muchas novelas románticas y cuentos perdidos, escribí dibujando cientos de veces tu nombre en mi mente.
Hay un proverbio chino que dice: «el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo».
Las bicicletas, el juego de la lima en el barro, los cromos, las canicas y la comba donde una larga cuerda volteaba sobre nuestras cabezas.
Un día más me veía sentada ahí, mirando hacia ningún sitio, en una habitación aparentemente acogedora donde el frío y la soledad se respiraban en cada pequeña y diminuta grieta, en cada poro de esa aparente lisa pared donde parecía resbalar todo, donde el frío helaba hasta el corazón más ardiente.
Fue en un instante… su mirada se cruzo con la mía y mi corazón súbitamente empezó a latir con más fuerza.
Cuando los pájaros se esconden para morir, las estrellas se mezclan ocultándose tras sus propios destellos.
Cada día en mi vida revivo el eco de las pisadas en mi memoria de aquel camino que nunca cogí y de aquella puerta que cerrada ante mis ojos, nunca quise abrir.