Los datos sobre las horas extras no pagadas también nos hablan de una cultura empresarial basada en el expolio de los trabajadores.
Desde el comienzo de la pandemia, los ya bajos ingresos de las personas dedicadas al cultivo de cacao de Ghana han descendido un promedio del 16 %, exactamente el mismo porcentaje promedio en el que han aumentado los beneficios conjuntos de las cuatro principales empresas cotizadas del sector.
Organizaciones sindicales mundiales y un centenar de empresas del vestido y marcas de moda firmaron un acuerdo histórico que entró en vigor el 1 de septiembre. Detrás de la letra aparece la fatídica sombra del desastre de Rana Plaza, en Bangladesh, y el sufrimiento cotidiano de millones de trabajadora-es textiles del mundo entero.
Las denuncias sobre los becarios de conocidos restaurantes de la Guía Michelin, abre una polémica que se remonta hasta el Renacimiento. Encontrar el equilibrio entre aprendiz, becario o explotado, y empleo, justicia y conciencia, es tan complejo como equilibrar el buen sabor de un plato, su presentación y sus calidades alimenticias.
Nestlé, Procter & Gamble y Colgate-Palmolive entre las nueve empresas que siguen usando productos obtenidos mediante explotación infantil.
El reciente acuerdo político del Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión Europea sobre minerales de zonas de conflicto, amenaza con permitir la continuación de este mortífero comercio.
A bombo y platillo, el presidente de Mercadona Juan Roig anunció la semana pasada los millonarios beneficios, un año más, de la empresa. Un total de 611 millones de euros netos, un 12% más que en el ejercicio anterior.
La respuesta es no. No. No lo sabemos. Es prácticamente imposible sin una investigación exhaustiva saber quién y bajo qué condiciones se ha fabricado una prenda. Las grandes cadenas de ropa subcontratan la producción del producto textil a proveedores externos, quiénes a su vez subcontratan otros pequeños talleres para hacer frente a la demanda del Fast Fashion (ropa de producción y consumo inmediato).
Siempre se había interesado por lo que sucedía en su entorno involucrándose en distintas causas sociales a título personal, pero después de 30 años trabajando en el sector turístico la crisis le dejó en el paro. En la reinvención que siguió decidió mezclar dos pasiones: los viajes y el contacto con otras culturas y comenzó a realizar viajes solidarios en los que se dio cuenta de que no podía rendirse porque había alternativas para lograr un mundo mejor. Entonces llegó setem a su biografía profesional y decidió dar el salto y luchar por los derechos de los trabajadores del sector textil en el mundo y dirigir la campaña ropa limpia, presente en 14 países europeos.
El salario mínimo establecido en España para los trabajadores del sector privado y de los contratados de la función pública «no garantiza un nivel de vida digno», según reflejan las conclusiones del Comité Europeo de Derechos Sociales del Consejo de Europa, que ha evaluado el cumplimiento de la Carta Social Europea y de su protocolo adicional.