Esta festividad, tal y como hoy la concebimos, en realidad nace en el siglo XX, aunque nos parezca que la tradición es ancestral.

Curiosamente, el ascenso de la mujer, la tragedia en una mina, así como el comercio tienen mucho que ver en su nacimiento y aceptación. Esta vez no nos tenemos que ir a Roma, pues Roma no celebraba el Día del Padre, aunque sí el de la Madre, el primero de marzo. Esto se debía a que ser padre en Roma lo era todo, “la patria potestas”, un derecho absoluto, originario y exclusivo de los ciudadanos romanos, donde el pater familias ejerce un poder ilimitado sobre sus hijos, bien naturales, bien adoptados y, por supuesto, sobre la mujer, denominado manus cuando se ejercía sobre la mujer casada.

Pero en esto los romanos no son originales, pues simplemente habían tomado el modelo de la Grecia clásica, adaptándolo, eso sí, a su idiosincrasia. Aquí, como digo siempre, hemos de hacer un esfuerzo por no aplicar el presentismo, pues la misoginia tanto griega como romana que aparece ante nuestros ojos no lo era para ellos, pues ellos se veían súper modernos y avanzados ante las civilizaciones de Oriente y su trato hacia las mujeres.

El ascenso del cristianismo situándose como la religión del imperio no modifica nada; simplemente se toma a San José, padre putativo de Jesús, como santo patrón de la Iglesia, celebrando el 19 de marzo su día, curiosamente el mismo que Minerva, patrona, entre otros oficios, de los carpinteros. Es en el siglo XIV cuando el culto a San José se extiende por el mundo cristiano, y el Papa Sixto IV en 1479 añadió dicha festividad al calendario gregoriano. Posteriormente, el Papa Pío X proclamó a San José patrón de la iglesia universal, nombrándolo protector de los padres de familia.

Y así transcurrieron los siglos hasta llegar a finales del XIX. Nos tenemos que trasladar a los actuales Estados Unidos, en donde se comenzaron a organizar reuniones de madres, embrión de los movimientos feministas, que desembocaron en la creación del Día de la Madre. Para el pensamiento de los hombres de aquella sociedad, hacer algo parecido era impensable, pues este tipo de eventos se veía como una expresión de feminidad.

Entonces ocurrió un terrible accidente minero en Monongah, Virginia Occidental. Una explosión devastadora sacudió las minas número 6 y 8 de la Fairmont Coal Company, lo que provocó la muerte de 362 hombres. No se sabe el origen de la explosión, suponiendo que una chispa incendió el gas metano que flotaba por las galerías y el polvo de carbón altamente inflamable hizo el resto, propagándose por las galerías al estar estas comunicadas.

Más de mil niños quedaron huérfanos y sus familias rotas. Siete meses más tarde, ante el duelo de la región, Grace Golden Clayton le pidió a su pastor metodista que hiciera un servicio para honrar a su padre, que también era pastor y había fallecido en un accidente, y de paso a los 362 hombres de la mina: «Fue en parte la explosión lo que me hizo pensar en lo importantes y queridos que son la mayoría de los padres», dijo Clayton en una entrevista posterior publicada en el desaparecido periódico The Fairmont Times. Reservaron para el oficio el 5 de julio de 1908 y así apareció en las noticias de WDTV 5, un canal de televisión de Virginia Occidental.

Mientras en Washington, otra mujer, Sonora Smart Dodd, también daba vueltas en su cabeza a la idea de homenajear a su padre, Henry Jackson Smart, veterano de la Guerra Civil, pero por un motivo totalmente distinto. Henry se había quedado viudo tras el nacimiento de su sexto hijo, pues su mujer murió en el parto; él se encargó de sus hijos, sacándolos adelante y dándoles una buena educación. La idea se le ocurrió a Sonora al escuchar un sermón del Día de la Madre, y pensó, por qué no destacar el papel de los hombres que, como su padre, habían ejercido ambos roles. Tomando, pues, a su padre como ejemplo, eligió la fecha de su nacimiento, el 19 de junio, para conmemorar el día, que se celebró por primera vez en 1910. La idea, aunque bien acogida a nivel local, no se estableció hasta 1924, cuando el presidente Calvin Coolidge apoyó la idea de establecer un Día Nacional del Padre. Finalmente, el presidente Lyndon Johnson en 1966 proclamó el tercer domingo de junio oficialmente como Día del Padre. Por último, Richard Nixon, en 1972, aprobó una ley en el Congreso que lo convirtió oficialmente en un festivo nacional en Estados Unidos.

A partir de aquí, en los distintos países americanos y bajo la influencia de su potente vecino del norte, se van implantando los diferentes días del padre en la misma fecha. Lo mismo ocurre en otros países, con la curiosidad de que las marcas comerciales y su publicidad toman el relevo y apoyan la creación de un evento que les haga subir las ventas, como el caso de Francia, país católico y, por ende, con una fiesta ya dedicada a los padres. No obstante, la tradición desapareció con la separación entre Iglesia y Estado durante la Revolución. Será durante los años cincuenta del siglo XX cuando una marca de encendedores, Flaminaire, bajo la dirección de Marcel Quercia, para impulsar la venta de dichos artículos, promocionó regalar para el Día del Padre un encendedor, regalo que entonces se consideraba ideal para los hombres, eligiendo para ello también la fecha del tercer domingo de junio, volviendo a instituir una fiesta olvidada, aunque con un espíritu distinto.

En los demás países católicos como Italia, Portugal o España, San José no pasaba de ser una más de las muchas festividades religiosas. En nuestro país fue una maestra zamorana, Manuela Vicente Ferrero, conocida en sus publicaciones bajo el pseudónimo literario de Nely, quien por el año 1948 ejercía su labor en el Barrio de Belmonte, entonces un suburbio situado en la madrileña Dehesa de la Villa. Tras atender a un par de padres, quienes tras la celebración de un Día de la Madre se quejaban de que nunca se acordaban de ellos, cuando ellos amaban, se preocupaban y  sacrificaban por sus hijas, deseando sólo que les reconocieran con cariño lo mucho que les importaban.

Manuela no echó en saco roto la sugerencia y eligió el siguiente Día de San José (un año más tarde) para celebrar un evento. Publicó un artículo donde se daba conocimiento del acto y, con sus alumnas, organizó una fiesta donde las propias niñas hicieron unos regalos para sus papás. El acto fue muy emotivo y entrañable, asistiendo no solo los padres, sino gentes curiosas que habían leído el artículo y querían conocer de qué iba dicha fiesta, tal y como nos lo relata la propia Nely en un artículo posterior del “Correo de Zamora”, en la edición del 19 de marzo de 1965.

Nuestra maestra se llevó consigo su querida celebración a los distintos centros por donde iba ejerciendo, hasta que, enterados de dicho evento en Radio Nacional, la llamaron para intervenir en su programa, Última hora de Actualidad, para que explicara cómo se le ocurrió la idea de celebrar un día para los padres. Por supuesto, el programa tuvo una gran repercusión al darle una cobertura nacional. A su vez, fue escuchado por José Fernández Rodríguez, más conocido por Pepín Fernández, a la sazón creador y director de los grandes almacenes Galerías Preciados. Inteligente y sagaz, se dio cuenta de la oportunidad de comercio que se le abría, y apropiándose de la idea, la lanzó por toda la prensa y radio del momento: comprar un regalo para los padres el 19 de marzo era el mejor homenaje que un hombre podía recibir de parte de su familia. Rápidamente, todos los demás grandes almacenes adoptaron la idea, quedando instituido el Día del Padre. Pepín Fernández le propuso un contrato publicitario muy suculento a Manuela Vicente, pero ella declinó la oferta y solo le puso una condición: que contratara a todas las chicas que salieran de su colegio, entonces el Santo Ángel de Vallecas. Pepín Fernández cumplió su palabra contratando a las jóvenes procedentes del Santo Ángel hasta la desaparición de Galerías Preciados.

Curiosamente, la festividad del Día del Padre sigue estando muy arraigada popularmente, aunque hoy ya no sea festivo (salvo en algunos sitios) en todo el territorio nacional. Siendo una de las celebraciones más emotivas; su espíritu, sea el país que sea, y se celebre cuando se celebre, es el mismo en todos, y me incluyo, pues aunque tiendo a huir de fechas y conmemoraciones, no dejo de reconocer que cuando mis hijos, ya mayores, me felicitan el 19 de marzo, se me llena de orgullo el corazón.