Carmen Martín Gaite recibió el Premio Nacional de Literatura 1978, por “El Cuarto de Atrás”, entre otros muchos premios.
Ana María Matute recibió el Premio Nacional Cervantes (2010) y otros muchos galardones literarios. De esta autora voy a escribir hoy, dejando para mi siguiente columna a Carmen Martín Gaite.
Encuentro con Ana María Matute.
Hoy me he encontrado con Ana María Matute. He ido a visitarla en la exposición que el Instituto Cervantes le ha dedicado en Madrid. Llena de público atentísimo, no cabía ni un garbanzo. Tal es así que tuvieron que prorrogarla.
Qué gran escritora, qué guapa, qué humana, qué simpatía levanta. Todo eso he sentido haciendo el recorrido de su biografía en imágenes y textos que alberga esta exposición de Cervantes.
Debajo de su retrato figura el gran lema de toda la exposición: “Quien no inventa no vive”.
Otro dicho subrayado de la escritora, es: “La infancia es más larga que la vida”.
De este modo su escribir se sumió en un cuento interminable, que nunca le hizo abandonar la infancia.
Llegó con tres heridas
Recuerdo el magnífico poema de Miguel Hernández. Y recuerdo a Ana María Matute.
Siento esta mañana un estremecimiento al contemplar su biografía expuesta en los muros del Instituto Cervantes.
Y canto con el corazón, a Joan Manuel Serrat, en la hermosa adaptación de ese poema.
Con tres heridas yo:
La de la vida,
la de la muerte,
la del amor”.
(“Se fue con tres heridas”, poeta Miguel Hernández)
Hay tres circunstancias que influyen su obra:
La primera fue su nacimiento en Barcelona, en una familia de la burguesía catalana. Su padre tenía una fábrica de paraguas. Por motivos de la empresa la familia pasaba tres meses al año en Madrid.
La segunda, sus veranos en Mansilla de la Sierra. Allí descubrió la vida de un pueblo. Y allí se vinculó al bosque y a la naturaleza para siempre, elementos esenciales en su obra.
La tercera circunstancia en su biografía fue sentir-conocer con 11 años la guerra civil, que a mí me gusta llamar la guerra incivil, con ánimo de exorcizarla, para que jamás vuelva a ocurrir.
La propia Ana María Matute se ha definido a sí misma, y a la infancia que vivió tan terribles sucesos, como los niños asombrados, los niños del largo estupor, que quedaron marcados por el trauma del tan terrible conflicto.
La escritora descubrió el odio y descubrió la muerte.
Nacida para la escritura
Por estar en contra del esencialismo, como concepción de la vida humana, y como socióloga, no me gusta el calificativo de niña prodigio, pero haberlas, haylas, como en el famoso dicho popular gallego sobre las brujas: Eu non creo nas meigas, mais habelas hainas.
Ana María Matute tenía cinco años cuando compuso sus primeros cuentos, que ella misma ilustraba en unos cuadernos deliciosos que se pueden ver en la exposición.
La escritora dice de sí misma: “A los cinco años era ya la escritora que llegaría a ser. Ya en mi escritura tocada por la gracia, por el don, por el genio».
Miel y hiel
Miel y hiel, la vida le dio a un tiempo. Vivió años entre esos dos extremos. Un matrimonio fracasado y la ruina familiar.
Pero también, la miel de los premios literarios que pronto comenzó a cosechar, más el éxito y prestigio sociales que la acompañaron.
En la intimidad, la alegría de un segundo matrimonio. Fueron los años dorados de Sitges.
Después vinieron diez años de “vacío”, como ella misma los llamó. Fueron los terribles años setenta. Diez tristes años sin escribir. Terrible depresión para una escritora de raza.
Hay muy copiosa información en prensa sobre sus tragedias familiares que hoy no deseo tratar. El lector curioso puede bucear en mil fuentes. También renuncio hoy a una exégesis de su obra que cuenta con excelentes especialistas.
Salgo de la exposición con el corazón conmovido por la simpar Ana María Matute, persona y obra, su humanidad y su escritura.
Todo al tiempo me embriaga.
Autora María Antonia García de León
No Comment