Nos hace falta el sol contra el coronavirus
No tengo la intención de actuar como un terrorista intelectual socavando los fundamentos médicos del decreto de alarma, y de hecho cumplo a satisfacción con la obligación de estarme quieto en casa.
No tengo la intención de actuar como un terrorista intelectual socavando los fundamentos médicos del decreto de alarma, y de hecho cumplo a satisfacción con la obligación de estarme quieto en casa.
Si bien la historia de las migraciones en el mundo ha marcado hitos entre las colonizaciones, los asentamientos y los desplazamientos con o sin guerra, a mediados del siglo 20 el campesinado del mundo empezaba a plantearse la vida en la ciudad como horizonte, meta y proyecto familiar, atraídos por la industrialización de la vida.
Tenía el Premio Cervantes, el más prestigioso galardón de las letras en español. Tenía el Premio Nacional de las Letras, el Premio Castilla y León de las Letras y hasta una medalla concedida por el Papa.
«Hace una noche fantástica». «Esta noche morirás». Si oímos ambas frases, es sin duda esta última la que captará nuestra atención. Del mismo modo, haremos más caso a las informaciones alarmantes sobre el coronavirus que a las informaciones tranquilizadoras.
Acaba de fallecer Ernesto Cardenal, poeta nicaragüense que trascendió fronteras no sólo por la palabra sino por el ejemplo de dignidad y coraje a lo largo de toda la vida.
Un proyecto de WWF en África central ha sido responsable de abusos y violaciones de derechos a una escala escandalosa, según una nueva y devastadora investigación de la ONU.
Ángel González Muñiz nació en Oviedo el 6 de septiembre de 1925 y murió en Madrid, en la madrugada del 12 de enero de 2008, a causa de una insuficiencia respiratoria crónica que padecía desde joven.
Como ya he comentado en otros artículos la gran tragedia de los españoles es no recordar a sus grandes personajes abandonándolos en el limbo del olvido y asumir la historia falseada que cuentan los demás admitiéndola como propia.
Algunas series de televisión han abordado, con más o menos ironía o alarmismo, los peligros digitales de sobreexponernos y dar demasiados datos de nuestra intimidad en redes sociales. En general, se han centrado, más que en los Gobiernos, en las personas: ladrones, acosadores, hackers o simplemente gente malintencionada al acecho. Y por ello nos preguntamos: ¿a quién deberíamos temer más y cómo podemos protegernos online?
Nuevo poema de Cristina Álvarez, de su libro «Lloviendo margaritas»