La rebelión de un pueblo perdido de la cordillera de los Andes argentinos, Famatina, de solo 6.500 habitantes, ha conseguido la semana pasada la suspensión de un proyecto de minería a cielo abierto que iba a producir oro por unos 25.000 millones de dólares (19.000 millones de euros) en 30 años. Esa población de La Rioja (noroeste de Argentina) ha contagiado a otras. En pequeñas ciudades de las vecinas Catamarca y Tucumán se han iniciado hace más de dos semanas bloqueos a los camiones que abastecen al mayor yacimiento de Argentina, Bajo la Alumbrera (oro y cobre). El debate sobre el impacto ambiental de la minería, una actividad poco tradicional en este país, ya no es solo cuestión de unos pueblos aislados donde están las explotaciones sino que se ha generalizado. Está movilizando a ciudadanos en otros países latinoamericanos, como Perú y Ecuador.