A través de milenios, extendiendo la vida de sus gentes por las laderas de los montes que vieron bañarse en el mare nostrum, los suaves riscos de sus alquerías, los dibujos de sus cortijos encaramos, las chumberas diseminadas, los olivos retorcidos y los almendros en flor acogiendo plantaciones en verde y rojo, salpicándolas de verduras y legumbres, en infinitos caminos de tierra levantados como pequeños tesoros de vida latente. Pasar la vida entre huertos, estercolando la madrugada, bruñendo los caracoles, guiñándole al rayo de un sol despistado, cómplice y desmayado. A la vera el camino, un ejército de soldados valientes enhiestan sus cepas, ofreciendo su sangre a la voluntad del moscatel.

Tres paraísos solapan su inmensa bóveda suspendida: Un cielo nacido de Picasso, de un azul particular, dañino intenso, con pinceladas de figuras imaginarias del creador; de Algeciras a Ítaca, cubriendo de mar salada los cuelgues del firmamento. La mano del pintor, caricia divinizada en dorso gigante creador que armoniza los brillos del amanecer, con las gotas de rocío que dan lugar a la mañana. La Luna se retira a su pesar, Venus levanta el pulgar y promete volver. El aire, convertido en brisa, alegra non tropo la venida de las nubes entre levante y poniente. Es la fiesta de la primavera entre escarchas que lindan el sendero. Alborada que llega anunciando el milagro de la nueva luz.

Bajo el cielo, la mar alcanza las oquedades desde el horizonte al rebalaje. La costa, sinuosa, traviesa y a escondidas, se deja llevar por un rebalaje de espuma blanca, donde se juntan las corrientes de la ribera africana con el mar de Alborán. Ya en tierra, el tercer elemento lo conforman paseos lineales escoltados en formación por gigantes centinelas que llaman ficus “levantiscos” en algarabía de alcorques paralelos al paseo.

Después de una historia con aires de libertad, anarquismo inoculado, hambre atrasada, los cenacheros trasiegan los cenachos con los restos del copo a vender. En los callejones, baile de navajas, riñas y risas cantoras, se va formando una comunidad decidida a saltar la valla de la injusticia y se alía con la naturaleza para lograr el sosiego, la mirada sin ira, el semblante mejorado. Reza y devociona a la Virgen del Carmen y suplica al Señor Cautivo la misericordia del penitente, trompetas y tambores restallando el cielo, mientras una saeta pone alma al silencio.

La noche acoge el paroxismo del camaleón, adoptando el disfraz conveniente, despacio, casi sin querer, va ganando  el agrado entre vecinos y aprendizaje de los forasteros que acuden bendecidos por el clima y la receptividad de sus naturales.

La ciudad, antaño, oscura y dejada, da paso a la luminosidad de nuevos aires, calles floreadas, plazas con encanto. Hoy está de moda. Es la ciudad amable, cantaora del Piyayo, madre parturienta de Picasso, Antonio Cánovas, Antonio Molina, Pepa Flores, Victoria Kent, María Zambrano, Antonio Banderas, Chiquito, Emilio Prados. Sin orden ni concierto, todos al embozo de su talento, ofreciendo la cara amable de la buena gente. Málaga.

Emilio Hidalgo Guirado