Este evento no es una tormenta convencional, sino una ruptura en la circulación atmosférica a gran altitud (entre 10 y 50 kilómetros sobre la superficie) que, históricamente, ha sido precursora de algunas de las olas de frío más severas registradas en latitudes medias. A continuación, analizamos en profundidad la física de este fenómeno y sus posibles repercusiones.

Qué es el vórtice polar y por qué es vital

Para entender la magnitud de este colapso, primero debemos visualizar el vórtice polar estratosférico. Se trata de una gran área de baja presión y aire extremadamente frío que rodea el Ártico durante los meses de invierno. Los vientos dentro de este vórtice giran de oeste a este (vientos del oeste) a velocidades que pueden superar los 250 kilómetros por hora, actuando como una barrera que confina el aire gélido en las regiones polares.

En condiciones normales, un vórtice polar fuerte y estable mantiene el aire frío «encerrado» en el Ártico, favoreciendo inviernos más suaves y húmedos en latitudes medias, dominados por la circulación zonal.

La anatomía de un colapso: El calentamiento estratosférico súbito

Lo que estamos observando actualmente es una disrupción mayor de este sistema. Un Calentamiento Estratosférico Súbito ocurre cuando ondas atmosféricas de gran escala (ondas de Rossby) ascienden desde la troposfera —la capa donde vivimos— hacia la estratosfera, rompiendo el flujo estable del vórtice.

Los datos actuales indican un aumento de temperatura en la estratosfera polar que podría superar los 50 °C en cuestión de días. Este calentamiento masivo provoca que los vientos zonales del oeste se frenen e incluso se inviertan, pasando a soplar del este. Técnicamente, para que se considere un «evento mayor», el viento zonal medio a 60°N y 10 hPa (aproximadamente 30 km de altura) debe revertirse completamente.

Tipos de impacto en el vórtice

Existen generalmente dos formas en las que el vórtice colapsa, y cada una tiene implicaciones distintas:

  • Desplazamiento: El vórtice se empuja fuera del Polo Norte hacia Eurasia o Norteamérica. Esto suele traer frío, pero de forma más localizada.
  • División: El vórtice se rompe en dos o más vórtices «hijos». Históricamente, los eventos de división, como el observado en 2018 (que dio lugar a la famosa «Bestia del Este» en Europa), suelen asociarse con olas de frío más severas y generalizadas.

El acoplamiento estratosfera-troposfera

El hecho de que el vórtice se rompa a 30 kilómetros de altura no afectaría nuestra vida diaria si no fuera por el proceso conocido como acoplamiento estratosfera-troposfera. Tras el colapso inicial en las alturas, la anomalía de los vientos del este tiende a propagarse hacia abajo, «goteando» hacia la superficie a lo largo de un periodo que suele durar entre 2 y 4 semanas.

Cuando esta señal llega a la troposfera, provoca un debilitamiento de la Corriente en Chorro (Jet Stream). Un Jet Stream débil y ondulado es incapaz de contener el aire frío en el Ártico, permitiendo que lenguas de aire polar se derramen hacia el sur (hacia Europa, Estados Unidos o Asia) y que aire cálido subtropical ascienda hacia el polo.

Consecuencias esperadas: Bloqueo y NAO negativa

La consecuencia más directa de este fenómeno es la tendencia hacia una fase negativa de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO-). Los registros climatológicos muestran que, tras un Calentamiento Estratosférico Súbito, las altas presiones tienden a bloquearse sobre Groenlandia o Escandinavia.

Este patrón de bloqueo atmosférico funciona como una piedra en un río: obliga a las borrascas atlánticas a desviarse hacia el sur (afectando a la Península Ibérica y el Mediterráneo con lluvias) o permite que flujos de viento continental (siberiano) se desplacen de este a oeste, trayendo temperaturas gélidas al corazón de Europa.

Es importante destacar que el impacto no es inmediato. Si el calentamiento máximo se produce esta semana, los efectos más notables en superficie se esperarían para la segunda quincena de febrero y principios de marzo. No obstante, la certeza de una alteración en los patrones climáticos es alta.

Corriente en chorro normal a la izqda. Su debilitamiento permite que lenguas de viento polar bajen a latitudes más bajas y nos afecten olas de frío polar.

Antecedentes históricos y datos

Para poner en perspectiva la situación actual, podemos mirar hacia eventos pasados documentados con datos reales:

  • Febrero de 2018: Un evento mayor de Calentamiento Estratosférico Súbito provocó la división del vórtice. Aproximadamente 10 días después, Europa sufrió una ola de frío histórica («La Bestia del Este») que paralizó el transporte y batió récords de temperatura mínima.
  • Enero de 2021: Otro calentamiento súbito desestabilizó el vórtice, contribuyendo semanas después a la histórica ola de frío en Texas y gran parte de Estados Unidos, así como a episodios invernales crudos en Europa (borrasca Filomena en España, aunque esta tuvo múltiples factores).

Conclusión: Vigilancia extrema

Aunque el colapso del vórtice polar es un evento que ocurre en las capas altas de la atmósfera, sus efectos en cadena son el motor principal de la variabilidad invernal extrema. En los próximos días, los meteorólogos de todo el mundo vigilarán la propagación vertical de esta anomalía. Si el acoplamiento con la troposfera es robusto, podríamos estar ante el cierre del invierno meteorológico más dinámico de los últimos años.

Autora Esther Íncera. Publicado originalmente en tutiempo.net