En mi último artículo establecía la diferencia entre dos corrientes del capitalismo que se dieron durante el S. XX, diferenciando entre los llamados “Treinta Gloriosos” y la llegada del Neoliberalismo.
Voy a tratar de aportar algo en relación a ciertos aspectos de la política y la economía que estructuran nuestro presente, pero que tienen su base, como no puede ser de otra manera, en nuestro pasado.
Frente a los dogmas del capitalismo más fundamentalista, la economía circular relativiza conceptos sagrados como propiedad o precio y, sobre todo, apuesta por un equilibrio entre el progreso y los límites de nuestro planeta. ¿Por qué no inspirarnos en el conocimiento acumulado durante millones de años por la naturaleza para seguir creando riqueza?
ECONOMÍA… esa sombra que todo lo cubre. Centro de nuestro día, según parece ser. Hasta aquellos que levantan su voz contra ella lo hacen para cambiarla, pero no de lugar.
El Instituto Tomás Pascual Sanz (ITPS) celebró el pasado 11 de febrero su VIII aniversario, con un evento moderado por el periodista Iñaki Gabilondo que contó con la ponencia del profesor y autor del libro ‘La economía del bien común’, Christian Felber; y el posterior debate a cargo del catedrático en Economía, Emilio Ontiveros. En torno a las teorías de Felber se generó un espacio de debate en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid.
En estos últimos años estamos asistiendo a una serie de acontecimientos en los que el ciudadano de a pie se ve impotente para poder defender sus derechos adquiridos e intentar mantener su status social.
Grecia ha dado un giro político que, según reflejan distintas encuestas, puede ser la antesala de un cambio en la misma dirección en España. La pregunta es inevitable: ¿los programas de estos nuevos partidos son viables o se trata de un cúmulo de buenas intenciones?
Los cambios que está experimentando la economía mundial plantean a la región el reto de repensar su inserción internacional.
El 12 de octubre hay elecciones presidenciales en Bolivia y las cinco tiendas políticas en competencia ofrecen industrialización y exportación como la máxima aspiración del país en crecimiento económico, en tiempos en que ya no hay materias primas ni agua.
Si la “competitividad” se logra sólo trabajando progresivamente en condiciones de mayor precariedad, rebajando los salarios y la capacidad de consumo interno… pronto se desvanecerán los datos aparentemente, fugazmente, positivos.