Desde que el Presidente Reagan y la Primer Ministra Thatcher acentuaron el distanciamiento de las Naciones Unidas y pusieron progresivamente en su lugar a los grupos oligárquicos del G-6, G-7, G-8, G-20, la impunidad y el desconcierto jurídico a escala supranacional se han incrementado, la seguridad mundial y la posibilidad de intermediación ha alcanzado mínimos peligrosos, y la cooperación y la relación internacional dependen de la discrecionalidad, siempre inclinada por la codicia hacia los intereses a corto plazo, de los mercados.
Es inadmisible lo que sucede: Egipto, Siria, Somalia, nuevos asentamientos en Cisjordania, al tiempo que se inician las enésimas conversaciones de paz…
Se veía venir, a qué precio de vidas y sufrimientos. Al final, el G8, el G20, los buenos oficios de la Liga Árabe, un Consejo de Seguridad con derecho a veto… no han podido remediar uno de los conflictos más sangrientos e innecesarios de los últimos años.